viernes, 28 de noviembre de 2025

AVE DEL MES noviembre 2025

 

Paloma torcaz

Columba palumbus Linnaeus 1758

Inglés: Common Woodpigeon

Francés: Pigeon ramier

 

Foto: José Vicente

Muy aquerenciada y confiada está esta ave en el medio urbano, donde casi se deja pisar y obliga a los ayuntamientos a campañas de control poblacional para limitar sus acumulaciones de hermosotes excrementos en bancos, aceras y vehículos estacionados. No siempre fue así. Los que empezábamos a pajarear por Salamanca hace treinta y tantos años, veíamos alguna de lejos en las choperas de la ribera y nos volvíamos a casa tan contentos, como que habíamos visto algo. Por lo visto han aprendido bien dónde no se usan escopetas, porque en el campo bien que guardan las distancias.

Mide unos 40 o 42 cm de longitud y 80 o casi de envergadura, y viene pesando alrededor del medio quilo y se diferencia a distancia de la bravía por tener la cola más larga y la cabeza proporcionalmente más pequeña. En vuelo son conspicuas sendas bandas blancas en las alas; los pichones empluman ya con ellas, pero no con las del cuello, que no las adquirirán hasta la primera muda.

Es una especie sedentaria en la Península Ibérica, además de venir a invernar por aquí una buena parte de la población europea, siendo pocas las que pasan a África.   La especie cría por toda Europa y la mitad de Asia. Las poblaciones más orientales, allá por Asia central y norte de la India, son de las llamadas “de cuello canela”, por tener de este color, y no blancas, las manchas del cuello, y constituyen las subespecies Columba palumbus casiotis  y Columba palumbus iranica. Otras dos subespecies, del grupo de “cuello blanco”, habitan en las Azores y Madeira.

La alimentación de nuestro invitado de este mes se basa en más de un 95% en material vegetal; consume semillas, frutillos, brotes y flores; en verano se basa mayoritariamente en cereales y en invierno en bellotas, que traga enteras y almacena en el buche; en primavera y otoño consume cantidades importantes de frutos. Quien pasee en estas fechas por Salamanca podrá notar la escasa consistencia y color negruzco de los excrementos, muy diferentes a los que produce en otras épocas, y que probablemente se deban al consumo masivo de frutos de aligustre. En investigaciones sobre las palomas urbanas de Madrid, se ha comprobado que en verano se alimentan sobre todo en el suelo de los parques, mientras que en invierno se desplazan más a los árboles del entramado viario; así como que consumen los frutos de 45 especies de árboles, entre los que se encuentran muchas exóticas, con épocas de fructificación más variadas que las autóctonas.

Una vez se disgregan los a menudo numerosísimos bandos invernales, construyen las parejas sus nidos, de ordinario en los árboles. En la ciudad alguno se ve en ventanas desatendidas y encima de rótulos comerciales, y hasta algún caso se ha visto de intentar colocar palitos encima de alguna farola, pero no penetra en interiores ni requiere protección de la lluvia como la bravía. Es el nido una plataforma de palitos entrelazados, pequeña para lo que es el bicho, y poco tupida, hasta el punto de que a veces incluso se ven los huevos desde abajo; algunas un poco más listas utilizan ramitas recién arrancadas del mismo árbol o los vecinos, colocadas con hojas y todo dando un buen camuflaje, como hemos podido ver este mismo año en los perales de flor de la calle Peña Primera. 

Es la puesta habitualmente de dos huevos,  y fácilmente saca un par de ellas o tres al año.  Incuban tanto la hembra como el macho, durante 17 días desde la puesta del primero. Los pichones están unos 20 a 35  días en el nido, y los primeros días son alimentados con la denominada “leche de buche”, antes de que se les empiece a suministrar papilla de semillas que los padres regurgitan cuando el pichón les mete el pico en el gaznate. Es esto de la leche de buche una rareza que se creía exclusiva de las palomas y tórtolas, pero hoy se sabe que la presentan también los flamencos; se produce en ambos sexos, por engrosamiento y descamación del epitelio del buche, y es inducida por la prolactina, curiosamente la misma hormona que hace producir leche a las hembras de los mamíferos. En las palomas está constituida, en peso seco, por un 60% de proteínas y 40% de lípidos, y contiene factores antioxidantes e inmunológicos. Su utilidad radica en aportar a las crías el suplemento proteico que necesitan para el crecimiento, independizándose así de la necesidad de conseguir el alimento de origen animal que la mayoría de las aves necesitan para los pollos, y pueden así extender la época de cría fuera de los momentos de abundancia de insectos y bichejos. También se ha desarrollado una secreción semejante en el pingüino emperador, en este caso únicamente en el macho, que la produce en su faringe, siendo una necesidad impuesta por ser el macho el que se hace cargo de la incubación mientras la hembra se alimenta en el mar, y sucede a menudo que no pueden sincronizarse tan perfectamente como para que la madre haya vuelto en el momento de la eclosión, y en tal caso tiene el padre que alimentar a su único polluelo a expensas de sus propias reservas corporales al no poder abandonarlo ni por un momento a la gélida intemperie antártica.



Foto: José Vicente

Suele decirse que empiezan las torcaces los cortejos en marzo, y que avanzado abril suelen estar ya criando casi todas, pero sea por la benignidad de los inviernos, o por el mayor calorcillo de las ciudades, por los cambios en la alimentación que le provee la diversidad de especies de jardinería o por todo un poco, puede ser mucho más tempranera: la siguiente foto de adulto cebando a un pichón se hizo el 26 de marzo de 2024 en la Avenida de Villamayor, a la puerta del edificio Victoria Adrados.

Foto: José Vicente

No pasa la paloma torcaz por especiales problemas de conservación a poquito que no se abuse de su caza; sus números se consideran crecientes; la población mundial puede que ande por los 60 o 70 millones de adultos, la europea por los 50 y la nidificante en España por los 8 o 10.

Su alimentación consiste en más de un 95% en material vegetal; consume semillas, frutillos, brotes y flores; en verano se basa mayoritariamente en cereales y en invierno en bellotas, que traga enteras y almacena en el buche; en primavera y otoño consume cantidades importantes de frutos. Quien pasee en estas fechas por Salamanca podrá notar la escasa consistencia y color negruzco de los excrementos, muy diferentes a los que produce en otras épocas, y que probablemente se deban al consumo masivo de frutos de aligustre. 

En investigaciones sobre las torcaces urbanas de Madrid, se ha comprobado que en verano se alimentan sobre todo en el suelo de los parques, mientras que en invierno se desplazan más a los árboles del entramado viario; así como que consumen los frutos de 45 especies de árboles, entre los que se encuentran muchas exóticas, con épocas de fructificación más variadas que las autóctonas. Acceso al artículo (en inglés):  https://lnkd.in/dSRtGY6V


Foto: José Vicente

 La especie fue descrita por Linneo en su X edición del Systema Naturae, con la misma denominación que se conserva hoy en día, utilizando las palabras que ya los clásicos utilizaban, columba para designar a las palomas, y palumbus más específicamente para la torcaz.   

Torcaz, en alusión a las manchas blancas que adornan el cuello de nuestra ave, viene a significar lo mismo que Torcuato,  es decir, poseedor de torques, collar rígido abierto por el frontal y generalmente engrosado en los extremos, con que se distinguían los hombres de alcurnia o mérito en pueblos antiguos como los celtas. Parece ser que no sólo está documentada la forma medieval “palomo torcado”, sino que ya en el siglo I de nuestra Era, el famoso poeta bilbilitano Marco Valerio Marcial denominaba a esta ave “palumbus torquatus”.