lunes, 26 de noviembre de 2018

EXCURSIÓN A LAS LAGUNAS DE VILLAFÁFILA

Ayer día 25 de Noviembre realizamos la visita que teníamos programada a la reserva de las Lagunas de Villafáfila, un humedal temporal y de carácter salino de la provincia de Zamora, cuya importancia para las aves acuáticas, especialmente en invierno representa uno de sus mayores atractivos.

A la salida de Salamanca nos despertamos con un lluvioso amanecer, que pronto daría paso a una espectacular jornada en la que el tiempo atmosférico facilitó la realización de las diversas partes de la actividad.


Con más de 50 personas, la primera parada en la reserva fue en la Laguna de Barillos, que actualmente aún se encuentra seca, a excepción de alguna zona en la que se ha acumulado algún pequeño charco. Nuestra parada aquí no era para ver especies acuáticas pues sabíamos de la situación que atraviesa dicha laguna, sino para buscar y observar especies esteparias, sin duda otro de los intereses ornitológicos más representativos de la zona. Tuvimos suerte y pudimos disfrutar de dos bandos de avutardas en los cultivos cercanos, además de un bando considerable de avefrías y algún milano real que nos sobrevoló.  Especies que dieron pie a las primeras curiosidades y explicaciones al público que participaba en la visita.

Posteriormente y con el objetivo de contextualizar el entorno en el que nos encontrábamos, visitamos la Casa del Parque, dónde el personal del Centro de Interpretación explicó las características de la reserva, completadas con la proyección de un documental en la sala de audiovisuales. Posteriormente seguimos visitando el centro y después nos dividimos en dos grupos, para visitar las lagunas de la Casa del Parque y ampliar la posibilidad de observar más de cerca las diferentes especies. Cercetas comunes, porrones moñudos, tarro blanco, aguilucho lagunero, avefría europea, patos cuchara, grajilla, zampullín chico, zampullín cuellinegro, ánsar común y ánade real fueron algunas de las especies que pudimos observar.



Llegamos a la hora de la comida en el cercano municipio de Villafáfila y para finalizar el día habíamos programado la observación de la Salina Grande desde Otero de Sariegos. Cómo siempre, no defraudó. Miles de avefrías y chorlitos dorados nos recibieron a nuestra llegada en la zona menos profunda de la laguna, acompañados de cientos de ánades reales, cercetas comunes, patos cucharas, algún ánade silbón, avocetas, unos cincuenta tarros blancos, varios zarapitos reales, un buen número de grullas comunes y la estrella de la jornada, una barnacla cariblanca.


Esperamos hasta última hora para ser testigos de la entrada a la salina grande de los ánsares y grullas que permanecían aún alimentándose en los alrededores, y con la esperanza, que para algunos se cumplió, de poder observar una pareja de mochuelos europeos. La jornada no dio para más y volvimos para Salamanca. Estamos muy contentos con cómo se realizó la actividad y sobre todo con el interés mostrado por los participantes.





lunes, 19 de noviembre de 2018

AVE DEL MES: NOVIEMBRE


Esta accipítrida es el ave europea de mayor envergadura alar, superior a los 2,50 m, pudiendo raramente llegar incluso a los 3. Su longitud viene siendo de un metro o poco más, y su peso entre los 7 y 12 kg.
Ambos sexos son indistinguibles externamente. Los juveniles se diferencian por su plumaje de un parduzco más oscuro, casi negro, cabeza con plumón oscuro, pico negro y cera rosada (azulada en los adultos). En vuelo se distingue del leonado por sus alas más rectangulares y algo más caídas.


Es el único representante de su género y no se reconocen subespecies.
Su distribución viene ocupando la parte sur de la región Paleártica. Es sedentario en Europa y algo más migrador en las poblaciones asiáticas.

Es una especie que en España está asociada al monte mediterráneo, anidando generalmente en lo alto de grandes árboles (aunque en Asia es más frecuente la anidación en roquedos), tanto pinos como quercíneas, a altitudes de hasta 1.900 metros. Suele formar colonias poco apretadas (con los nidos separados entre sí decenas o incluso algunos centenares de metros), de las que puede alejarse fácilmente 50 o 100 km. en sus búsquedas de alimentos. Tampoco faltan las parejas que anidan en solitario.
Es un prospector del terreno más meticuloso que el buitre leonado, y más proclive a consumir pequeñas carroñas, hasta el punto de que los cadáveres de conejos constituyen una parte importante de su dieta, en la que a veces incluye reptiles  e insectos. De las carroñas grandes consume preferentemente las partes más coriáceas, con tendencia a rechazar las vísceras y tejidos blandos, aprovechados de preferencia por los buitres leonados.


Las parejas reutilizan el mismo nido año tras año, añadiéndole cada vez algo de material. Lo construyen con palos entrelazados y acolchado con pelo, lana y sus propias egagrópilas. El periodo de celo se desarrolla a finales de otoño y en invierno; la puesta suele constar de un único huevo, que ambos sexos incuban durante unos cincuenta y cinco días en promedio; el polluelo permanece en el nido durante unos tres o cuatro meses.
Comienza a reproducirse generalmente a la edad de cinco o seis años, aunque se han constatado casos a los cuatro; la longevidad conocida en cautividad ha llegado a los 39 años.
La Lista Roja de la UICN le atribuye una tendencia poblacional decreciente, con categoría de “casi amenazada” y una población mundial estimada de 15.600 a 21.000 parejas. Por el contrario, en España, al amparo del status legal de “vulnerable”, la tendencia es de clara recuperación desde los pocos cientos de parejas en los años 70 (206 según censo de 1973, probablemente bastante incompleto), hasta las más de 2000 en la actualidad.


Entre las principales amenazas destaca actualmente la intoxicación en sus múltiples formas, tanto por envenenamientos delictivos como por ingestión de carroña afectada por pesticidas, contaminación química difusa, medicamentos de uso veterinario o plumbismo.
La alteración de hábitats, molestias a las colonias reproductoras por actividades forestales o lúdicas y la electrocución o colisión con tendidos eléctricos son otras de sus principales amenazas.
Mención especial merece el uso en veterinaria como antiinflamatorio del diclofenaco, de alta toxicidad para los buitres, que debe considerarse incompatible con la entrada en la cadena trófica del ganado tratado recientemente.  El uso veterinario de esta sustancia tuvo que ser prohibido en la India, Nepal y Pakistán en 2006 tras acabar en 15 o 16 años con el 97% de la población indostaní de tres especies de buitres, debido en buena parte a su uso abusivo con fines paliativos en ganado vacuno moribundo, a causa de las normas religiosas que prohíben su sacrificio.


lunes, 15 de octubre de 2018

AVE DEL MES: OCTUBRE


Nuestra progatonista de este mes es un taxón de muy amplia distribución mundial y gran número de subespecies (algunos reconocen 29, otros hasta 48), estando presente en todos los continentes, excepto la Antártida, si es que no acaban desmembrándolo en varias especies, que por lo visto no faltan los que andan con ganas.Enlace a mapa de distribución: https://es.wikipedia.org/wiki/Tyto_alba#/media/File:Schleiereule-Tyto_alba-World.png



Su denominación es Tyto alba (Scopoli 1769); con el nombre del autor y la fecha entre paréntesis, lo que significa que describió la especie pero dentro de otro género, en concreto Strix. El género Tyto fue creado por Billberg en1828.Es la lechuza común el único representante por estas latitudes de la familia de Tytonidae, que básicamente se diferencia por sus patas largas y su disco facial único y en forma de corazón, de la otra familia del orden de los Strigiformes (la de los Strigidae, que incluye búhos, cárabos, autillos y mochuelos).Alcanza una longitud de 30 o 40 cm, con envergadura de unos 90, y medio kg de peso o poco menos.En nuestra Península nos encontramos como sedentaria la subespecie Tyto alba alba, de partes inferiores blancas, a la que se añade un importante contingente invernante de la más norteña subespecie T. a. guttata, de zonas ventrales marronuzcas y moteadas. En las zonas de contacto de las áreas de cría (Bélgica, E de Francia, W de Alemania, incluso el norte de España) no es nada raro el mestizaje de ambas subespecies, encontrándose toda suerte de coloraciones intermedias.
Su dieta es de las más estudiadas y mejor conocidas, si no la que más, de toda la ornitofauna mundial, debido a la facilidad de recogida de sus egagrópilas, propiciada por su antropofilia, y al buen estado de conservación de las partes identificables de sus presas, extremo éste común a los estrigiformes pero no a otras especies de rapaces. Tales partes identificables son básicamente la parte delantera de los cráneos y la dentición; los occipucios aparecen sistemáticamente destrozados debido a que es allí donde la lechuza clava su pico al matar a la presa. Resultan las egagrópilas de lechuza fácilmente distinguibles (antes de empezar a deteriorarse) por estar recubiertas de una especie de cascarilla lustrosa y negruzca que no aparece en las de búhos y cárabos.La alimentación resulta muy variable dependiendo de las condiciones ecológicas, pero podemos afirmar que en la población europea se fundamenta al 90% o más en micromamíferos, fundamentalmente en ratones, topillos y musarañas; puediendo aparecer en menor cantidad ratas, avecillas, murciélagos, gazapos, lagartijas ranas o alguna que otra comadreja. En las poblaciones tropicales disminuye la proporción de micromamíferos.En caso de plaga de una determinada presa, como sucede en las zonas cerealistas de Castilla y León con el topillo campesino (Microtus arvalis), puede convertirse de forma temporal en casi el 100% de la dieta. Conviene indicar aquí la inconveniencia del uso de rodenticidas para eliminar este tipo de plagas, en cuanto que envenenan a las lechuzas y demás depredadores, dejando la puerta abierta a mayores y más frecuentes explosiones demográficas de los roedores, en ausencia de sus depredadores, de recuperación demográfica infinitamente más lenta.



Cazan las lechuzas casi exclusivamente de noche, al parecer con dos periodos de actividad y uno de descanso entre ellos, y lo hacen tanto desde posaderos como prospectando el terreno en vuelo a baja altura (entre 1 y 4 metros), convirtiéndose así en carne de cañón ante los atropellos por automóviles y trenes. El vuelo es batido, y totalmente silencioso gracias al desflecamiento de los bordes de las plumas. Localiza a sus presas mayormente de oído, actuando el disco facial a guisa de antena parabólica, recogiendo el sonido y conduciéndolo hacia los oídos.

La reproducción de la lechuza se basa en un sistema de monogamia permanente, con emparejamientos vitalicios; los adultos, una vez establecidos tras la dispersión juvenil, son fieles a sus lugares de anidación (si es que se puede llamar anidación a depositar los huevos sin más aporte de material que las propias egagrópilas previamente regurgitadas en el refugio), y fuertemente sedentarios a menos que los rigores climáticos lo impidan, puesto que tiene escasa capacidad de acumular reservas de grasas y la innivación prolongada le resulta muy limitante.


La puesta suele ser de entre 4 y 7 huevos, que empieza a incubar desde que pone el primero, durante algo más de treinta días. Puede sacar una segunda pollada en años de abundancia. Incuba únicamente la hembra, mientras el macho se dedica a suministrarle alimento. Los pollos salen ya del refugio con un mes y medio o dos, antes de poder volar. Con tres meses de edad se dispersan, y pueden empezar a criar con un año o dos.La lechuza común está sufriendo en Europa un considerable declive poblacional en las últimas décadas, debido a la escasez de refugios por el cerramiento de campanarios, desvanes y graneros, así como al envenenamiento, los tendidos eléctricos y los atropellos.No obstante, su status global aún se considera “least concern” (preocupación menor) por la Lista Roja de la UICN.


La legislación española incluye en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, sin catalogación de amenazada, a la subespecie T. a. alba, y catalogada como “vulnerable” a la subespecie T. a. gracilirostris, la lechuza majorera, propia de Lanzarote, Fuerteventura e islotes próximos y de partes ventrales amarillentas. En las islas Canarias occidentales, por el contrario, está presente la subespecie nominal. 


sábado, 15 de septiembre de 2018

ACTIVIDADES DÍA DE LAS AVES 2018

Como ya es costumbre, el primer fin de semana de Octubre se celebra el Día Mundial de las Aves. Desde el Grupo Local SEO-Salamanca y Salamanca Natural, hemos organizado el siguiente programa de actividades abiertas al público, relacionadas con el mundo de las aves. Éstas pretenden dar a conocer la naturaleza, poner de manifiesto sus múltiples amenazas de conservación y también conmemorar esta fiesta anual.

Cartel de la presente edición. Autor: Torcuato Cortés


Podéis consultar el programa de actividades a continuación, si bien dos de las actividades programadas aún están pendientes de confirmarse. 




Con el propósito de innovar, hemos querido sumar algunas actividades distintas a las ya habituales. Incluimos en esta edición un mayor número de paseos ornitológicos guiados o un taller de dibujo de naturaleza. Además y aunque no se realice en las fechas conmemorativas, estamos organizando una excursión ornitológica a las lagunas de Villafáfila que se realizará el domingo 25 de Noviembre, cuya inscripción estará disponible también en el Día de las Aves.



Todo aquel que se quiera inscribir en la excursión será necesario efectuar el pago a la cuenta bancaria que aparece en el cartel, mandando a su vez el comprobante de pago, nombre y apellidos y dni al correo seosalamanca@gmail.com antes del 5 de Noviembre.

Por último, os invitamos a pasar unas agradables jornadas participando en las actividades y conociendo más de cerca a las aves y la naturaleza, ¡os esperamos!




lunes, 13 de agosto de 2018

AVE DEL MES: Chotacabras Gris


Es el chotacabras gris o europeo una avecilla de tamaño parecido al del mirlo, 25 a 28 cm de longitud y no más de 100 gramos, estival abundante en  España pero difícilmente visto y más fácilmente localizable por su canto.
Por si no fueran suficientes dotes de ocultación su plumaje críptico y sus hábitos nocturnos y crepusculares, tiene la costumbre de posarse en las ramas longitudinalmente a las mismas, haciendo prácticamente imposible localizarlo, de no ser que casi nos tropecemos con él en el suelo, o acuda al festín de insectos nocturnos atraídos por alguna farola.


En efecto, se alimenta de insectos que captura al vuelo, abriendo para ello una enorme bocaza en forma de embudo, ampliado por las vibrisas que salen de las comisuras.
Localiza a sus presas por la vista, ya que al parecer carece de cualquier sistema de ecolocación o de detección acústica más o menos especializada; al igual que los gatos y muchos otros mamíferos noctívagos, dispone en su retina de una capa de células reflectantes denominada tapetum lucidum que, además de reflejar fantasmagóricamente la luz de los focos, tiene la virtud de aumentar la probabilidad de que lleguen a las células sensitivas los fotones que no las hayan alcanzado directamente. Como es de ley en los animales nocturnos, presenta muchas células bastón en la retina (eficientes en la captación de luz), en detrimento de los conos (especializados en la visión del color).
Se dice que ingiere piedrecillas para ayudarse en la digestión de los insectos. Se ha citado coprofagia en los polluelos.
Puede distinguirse el macho adulto de la hembra y los jóvenes del año por tener el macho manchas blancas en tres primarias de cada ala y en el extremo de las cuatro rémiges externas.

Su área de cría se extiende por Europa y norte de África, y Asia llegando por el este hasta Mongolia. En nuestro país puede verse (es un decir) entre abril y octubre; inverna en el África subsahariana (se ha citado también invernada en Marruecos, Pakistán e Israel).
Es un animal monógamo y territorial; se cree que los machos suelen llegar a sus zonas de cría un par de semanas antes que las hembras para ir tomando posesión del territorio.
Sus zonas de cría y campeo abarcan una variedad muy amplia, si bien parece rechazar los bosques cerrados, que dificultan sus maniobras de caza, y las zonas totalmente desprovistas de árboles o arbustos, así como la alta montaña.
Puede sacar una o dos puestas al año, cada una de solamente uno o dos huevos, puestos con diferencia de un par de días; se depositan en el suelo, sin construcción de nido, y suelen tener un moteado grisáceo o parduzco que contribuye a camuflarlos entre la broza. Ambos sexos participan en la incubación, que dura unos 17 o 18 días, y los polluelos tardan otro tanto en echar a volar. Son nidícolas, y nacen cubiertos de plumón ya de coloración críptica.
Sobre esta especie pesa la secular superstición que le acusa de mamar de las cabras y ovejas, posiblemente propiciada por su costumbre de frecuentar los apriscos en busca de insectos, el tamaño de su boca, y la dificultad sociológica –hasta la aparición de la luz eléctrica- de suponer ninguna buena intención a nada que se moviera por la noche. De tal infundio proceden tanto el nombre científico (del latín mulgeo – mulgere = ordeñar) como el vernáculo, si bien aquí cabe la duda de si el verbo “chotar” (mamar) y el sustativo “choto”, se originan del latín sugere – suctum como afirman algunos, o tienen, como supone el diccionario de la RAE, origen onomatopéyico del sonido que hacen los chotos al mamar.
Detalle del ala de un chotacabras gris capturado durante una jornada de anillamiento científico.

Entre sus principales amenazas parecen estar la disminución de insectos y contaminación con insecticidas, la destrucción de su hábitat, molestias y atropellos.
La Lista Roja de la UICN lo clasifica como “least concern” (preocupación menor), aunque reconoce la existencia de disminución poblacional, no suficiente por el momento para trasladarlo a la categoría de vulnerable. Esta organización estima la población mundial entre 3.100.000 y 5.500.000 adultos, el 40% aproximadamente nidificantes en Europa. Está incluido en el Listado Español de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, sin catalogación de amenaza.