lunes, 26 de enero de 2026

AVE DEL MES enero 2026

Milano real

Milvus milvus (Linnaeus, 1758)

Foto: Carlos A. Ramírez

Inglés: Red Kite

Francés: Milan royal

 Es nuestro protagonista de este mes un Accipítrido de 60 y pico cm de largo y alrededor de 1,50 m o poco más de envergadura, y viene a pesar alrededor del kilo. Aparte de él sólo otras dos especies tiene el género Milvus: el milano negro, M. migrans, estival en Europa y Asia templada, residente en el sureste asiático e invernante en África y Oceanía, y el milano piquigualdo, M. aegyptium, que habita en África Subsahariana, valle del Nilo y costa suroccidental de la Península Arábiga y ha sido considerado a veces como conespecífico de M. migrans.

Al milano real podemos verlo con facilidad y abundancia en invierno, no tanto en verano por ser invernante gran parte de la población, mientras se pasa las horas muertas volando sin gran esfuerzo, de forma casi todo el tiempo pasiva, dejándose llevar como una cometa, que así lo llaman los anglosajones, en busca de cualquier cosilla de que alimentarse; es para esto un oportunista, especializado en nada, que complementa sus aptitudes de caza mediocres con la búsqueda de carroña, bichejos de poca monta o desperdicios de mataderos; frecuenta los muladares, granjas y vertederos y prospecta las carreteras en busca de cadáveres atropellados, además de cazar cualquier ave o pequeño mamífero con las facultades mermadas, así como  insectos grandes, batracios, roedores, algún que otro pez o cualquier cosa que pille, incluida la presa de alguna otra rapaz pequeña que se la deje quitar.

Foto: Carlos A. Ramírez

No tiene dimorfismo sexual apreciable. Los juveniles se diferencian por tener menos contrastado el color de la cabeza, cola algo más corta y menos ahorquillada, bordes pálidos bien visibles en las supracobertoras alares medianas y mayores, una línea clara más o menos definida en el borde de las infracoberteras alares y sobre todo por el pecho y vientre de tono general claro, por estar mayoritariamente estriados de marrón sobre blanquecino, y en los adultos de negro sobre marrón.

El área de reproducción de la especie se reduce prácticamente a las zonas templadas y sureñas de Europa, y quizá alguno que otro en el norte de África. En Cabo Verde se da una subespecie propia, la Milvus milvus fasciicauda, que presenta un aspecto, por tamaño, silueta de vuelo y coloración, casi intermedio entre la subespecie típica y el milano negro. 

Foto: Carlos A. Ramírez

Distribución de Milvus milvus en España: III Atlas de las aves en época de reproducción en España

Distribución mundial según Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Milvus_milvus

Construye el nido en árboles de buen porte, con ramas entrelazadas de forma tosca y relleno con material más suave, como hojarasca, hierbas, lana o incluso plásticos y  andrajos.  Pone de uno a tres huevos por lo general; raramente hasta cinco, y son blancos moteados de parduzco y de tamaño similar a los de gallina. La incubación la realiza la hembra, relevada durante cortos periodos por el macho, y dura algo más de 30 días; empieza desde la puesta del primer huevo, por lo que la eclosión es asíncrona. La hembra se queda en el nido protegiendo a los pollos durante sus primeras dos semanas, siendo todos alimentados por el macho, y luego se va a buscar comida dejándolos solos cuando se tercia. Mes y medio o poco más tardan los pollos en empezar a deambular por fuera del nido, y algunas semanas más en echar a volar, y generalmente tendrán su primera prole a los dos años de edad. En invierno, suelen juntarse los milanos reales en dormitorios comunales. 

Los de la población reproductora española pueden quedarse en invierno bastante aquerenciados al territorio de reproducción, más los machos que las hembras, o divagar en busca de comida por otras zonas, y no faltan los que les da por cambiar de hábitos de un año para otro y marcharse a criar a Centroeuropa.

Foto: Carlos A. Ramírez

 

La población reproductora española andará por las 2.500 parejas; tuvo una fortísima regresión poblacional a lo largo del siglo XX, causada por la persecución directa generalizada a todas las rapaces y por los efectos de pesticidas organoclorados como el DDT, que afortunadamente está empezando a revertir, y está protegida por la normativa española bajo la catalogación de “en peligro de extinción”; cría en la actualidad en la Península, Baleares; de Canarias se extinguió en los años 70. En invierno acogemos un importante contingente de invernada, procedente sobre todo de Alemania  y Francia. En todo caso parece que la población reproductora parece estar en regresión en las zonas más al sur y desplazándose a las norteñas, quizá por el cambio climático o  quizá por los programas de conservación y reintroducción, con alimentación suplementaria incluida que se están llevando a cabo en países como el Reino Unido.

Foto: José Vicente

La UICN estima, con referencia a 2020, una población mundial, que es casi lo mismo que decir europea, de 60 a 70.000 adultos, con tendencia creciente, y catalogación de “preocupación menor”. Parece ser que en la actualidad su principal amenaza son los envenenamientos ilegales y la intoxicación secundaria por comer roedores y otras presas envenenadas, y en menor medida las electrocuciones y los atropellos cuando baja a carroñear sobre víctimas previas del tráfico.

Foto: Carlos A. Ramírez

La palabra “milvus”, utilizada para describir la especie por Linneo en 1758 bajo el nombre de Falco milvus, y como género por Bernard Germain de Lacépède en 1799, es el nombre que ya se le daba en latín clásico, sin que se conozca más de su origen remoto, y que derivó en la palabra milano y en palabras parecidas de otros idiomas, a través de derivados como milvinus.


domingo, 28 de diciembre de 2025

AVE DEL MES diciembre 2025

 

Carbonero garrapinos

Periparus ater (Linnaeus, 1958)

Inglés: Coal Tit

Francés: Mésange noire

Foto: José Vicente

Nuestro diminuto, cabezudo y colicorto invitado de este mes es el más pequeño de los páridos epañoles; se trata de un pequeño pajarillo de 11 o 12   cm., y unos 9 o 10 g. de peso, mucho más común en los parques urbanos de lo que a primera vista parece, porque, eso sí, hay que estar atento para verlo porque no se exhibe con tanta impudicia como los gorriones o el colirrojo tizón; al contrario, suele moverse por las copas de los árboles bajando poco al suelo, aunque si se le observa con cuidado y quietud aguantará nuestra presencia a una distancia bastante reducida, brindándonos agradables sesiones de observación o incluso de fotografía.

Poco dimorfismo sexual tiene, de modo que los sexos son prácticamente indistinguibles; el macho suele tener las partes negras de tono más intenso y brillante, y alguna diferencia en el tono de las cobertoras, pero que ni siquiera con el ave en la mano llegan a ser criterios muy seguros.

En los hábitats urbanos lo vemos a menudo sobre abetos y otras coníferas, y menos en caducifolios, aunque también. En la naturaleza su hábitat principal son los bosques de coníferas, en especial los de Pinus sylvestris, pero acepta casi cualquer tipo de arbolado, incluso de caducifolios.

Su área de reproducción abarca todas las zonas templadas de Eurasia, desde Portugal hasta Japón, y el borde norte de África.  Una distribución tan amplia, unido a su condición sedentaria (aunque presenta una cierta tendencia a ser ave “irruptiva”, sólo las poblaciones siberianas son realmente migratorias) ha propiciado la diferenciación de poblaciones bastante variadas en coloración, e incluso las orientales presentan crestas más o menos desarrolladas; se admiten hoy día nada menos que 21 subespecies, de las cuales podéis apreciar la diversidad y belleza de sus libreas aquí:

https://birdsoftheworld.org/bow/species/coatit2/cur/introduction?lang=es



Foto: José Vicente

En la Península Ibérica podemos encontrar la especie nominal en los Pirineos, y en el resto de ella la P. ater vieirae, endémica de la Península, y que es un poco mayor y de matices un poco más oliváceos.                      

Decíamos que tiene tendencia a ser especie irruptiva, lo que significa que a veces se producen desplazamientos masivos a zonas relativamente alejadas, debido no a la estacionalidad, sino a la dificultad de encontrar alimento invernal en algunas regiones, siendo la causa más probable la alternancia entre cosechas de piñones abundantes y escasas, de forma que, tras supervivencias invernales altas, puede una población relativamente numerosa verse incapaz de hacer frente a un año de vacas flacas sin trasladarse en busca de regiones más prósperas. Sí, sí, de piñones. Porque aunque se trata de un insectívoro típico, basa gran parte de su alimentación invernal en piñones, y en otoño los esconde activamente en las grietas de la corteza de las ramas, prefiriendo para ello las partes inferiores y laterales, donde son más difíciles de descubrir, especialmente por aves de menores aptitudes acrobáticas. 

La puesta es de 7-8 huevos en promedio, pudiendo llegar hasta doce. Saca una o a veces dos puestas anuales, con alta probabilidad de que los pollos lleguen a volar; esto se compensa con una vida relativamente corta, ya que no suelen durar más de 3 o 4 años, aunque se han citado longevidades extremas de hasta 9,5 años. 

Hace sus nidos en agujeros, pudiendo realizarlos en troncos huecos, en resquicios de muros o en taludes; puede aprovechar a veces huras de ratones, o resquicios en nidos abandonados de urracas o incluso de ardillas; no es por tanto, tan dependiente de la existencia de arbolado viejo como podríamos suponer; aunque prefiere los bosques de coníferas añosos, ocupa también los de repoblaciones jóvenes, además de poderse encontrar también en formaciones de caducifolios. En la construcción del nido se implica más la hembra, que lo hace con musgo, telarañas y material de relleno interior como plumas o pelo o pelusas vegetales. Los huevos son blancos con moteado rojizo, y al parecer los incuba sólo la hembra, alimentada entonces por su consorte, durante un par de semanas, y otras dos y pico duran los polluelos en el nido, tras las cuales saldrán con un plumaje no muy distinto al adulto, aunque con tono más mate, con el babero negro más pequeño, las mejillas y mancha nucal amarillentas, y las rectrices más apuntadas




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 En el buen tiempo alimentan los garrapinos a sus crías y a ellos mismos con arañas e insectos, tanto adultos como huevos o larvas, incluidas las de la procesionaria del pino; en el invierno, cuando el menú de bichejos escasea y necesitan menos proteínas por no estar criando ni mudando, y más energía para aguantar el frío, sobreviven mayormente de piñones y otras semillas, cuanto más oleosas mejor; en la ciudad se les ve a menudo rebuscando las semillas de tuya oriental, quizá porque le gusten especialmente, o quizá porque llame más la atención por estar más en el exterior de la copa que cuando rebusca en los pinos o abetos. El caso es que en invierno la termorregulación le exige un gran coste energético: se ha comprobado que puede llegar a acumular grasa a lo largo del día aumentando hasta un 10% de su peso corporal para perderla durante la noche. Se mueve a menudo en esta época en bandos mixtos con otros páridos, y tienden a repartirse el espacio relegando al pequeño garrapinos a las zonas más periféricas de las copas, por ser el más dominado pero también el más ligero y mejor apañado para hacer acrobacias en los extremos de las ramillas o en las acículas.

Foto: José Vicente
La población europea puede que ande por los 50 millones de adultos, por decir algo, y la española por tres; parece ser que la tendencia es creciente, auspiciada sobre todo por las repoblaciones de coníferas; la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, o IUCN si la queremos nombrar en inglés) lo considera de “preocupación menor”, y la legislación española lo incluye en su Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, sin catalogar como amenazada.

La especie fue nombrada por Linneo en 1758, incluyéndola en el género Parus, en el cual se ha mantenido hasta hace pocos años, siendo ésta una palabra latina con la que ya desde antiguo se denominaba a los carboneros y herrerillos, mientras que ater, también latina, significa necro mate. El nombre de Periparus fue propuesto en 1884, por entonces como subgénero, por Edmonde de Sélys Longchamps, ornitólogo, entomólogo y miembro del Partido Liberal, que llegó a ser presidente del Senado de su país y al que debemos fructíferos aportes al conocimiento de la fauna de odonatos, neuróperos y ortópteros de Europa.

Foto: José Vicente
 



viernes, 28 de noviembre de 2025

AVE DEL MES noviembre 2025

 

Paloma torcaz

Columba palumbus Linnaeus 1758

Inglés: Common Woodpigeon

Francés: Pigeon ramier

 

Foto: José Vicente

Muy aquerenciada y confiada está esta ave en el medio urbano, donde casi se deja pisar y obliga a los ayuntamientos a campañas de control poblacional para limitar sus acumulaciones de hermosotes excrementos en bancos, aceras y vehículos estacionados. No siempre fue así. Los que empezábamos a pajarear por Salamanca hace treinta y tantos años, veíamos alguna de lejos en las choperas de la ribera y nos volvíamos a casa tan contentos, como que habíamos visto algo. Por lo visto han aprendido bien dónde no se usan escopetas, porque en el campo bien que guardan las distancias.

Mide unos 40 o 42 cm de longitud y 80 o casi de envergadura, y viene pesando alrededor del medio quilo y se diferencia a distancia de la bravía por tener la cola más larga y la cabeza proporcionalmente más pequeña. En vuelo son conspicuas sendas bandas blancas en las alas; los pichones empluman ya con ellas, pero no con las del cuello, que no las adquirirán hasta la primera muda.

Es una especie sedentaria en la Península Ibérica, además de venir a invernar por aquí una buena parte de la población europea, siendo pocas las que pasan a África.   La especie cría por toda Europa y la mitad de Asia. Las poblaciones más orientales, allá por Asia central y norte de la India, son de las llamadas “de cuello canela”, por tener de este color, y no blancas, las manchas del cuello, y constituyen las subespecies Columba palumbus casiotis  y Columba palumbus iranica. Otras dos subespecies, del grupo de “cuello blanco”, habitan en las Azores y Madeira.

La alimentación de nuestro invitado de este mes se basa en más de un 95% en material vegetal; consume semillas, frutillos, brotes y flores; en verano se basa mayoritariamente en cereales y en invierno en bellotas, que traga enteras y almacena en el buche; en primavera y otoño consume cantidades importantes de frutos. Quien pasee en estas fechas por Salamanca podrá notar la escasa consistencia y color negruzco de los excrementos, muy diferentes a los que produce en otras épocas, y que probablemente se deban al consumo masivo de frutos de aligustre. En investigaciones sobre las palomas urbanas de Madrid, se ha comprobado que en verano se alimentan sobre todo en el suelo de los parques, mientras que en invierno se desplazan más a los árboles del entramado viario; así como que consumen los frutos de 45 especies de árboles, entre los que se encuentran muchas exóticas, con épocas de fructificación más variadas que las autóctonas.

Una vez se disgregan los a menudo numerosísimos bandos invernales, construyen las parejas sus nidos, de ordinario en los árboles. En la ciudad alguno se ve en ventanas desatendidas y encima de rótulos comerciales, y hasta algún caso se ha visto de intentar colocar palitos encima de alguna farola, pero no penetra en interiores ni requiere protección de la lluvia como la bravía. Es el nido una plataforma de palitos entrelazados, pequeña para lo que es el bicho, y poco tupida, hasta el punto de que a veces incluso se ven los huevos desde abajo; algunas un poco más listas utilizan ramitas recién arrancadas del mismo árbol o los vecinos, colocadas con hojas y todo dando un buen camuflaje, como hemos podido ver este mismo año en los perales de flor de la calle Peña Primera. 

Es la puesta habitualmente de dos huevos,  y fácilmente saca un par de ellas o tres al año.  Incuban tanto la hembra como el macho, durante 17 días desde la puesta del primero. Los pichones están unos 20 a 35  días en el nido, y los primeros días son alimentados con la denominada “leche de buche”, antes de que se les empiece a suministrar papilla de semillas que los padres regurgitan cuando el pichón les mete el pico en el gaznate. Es esto de la leche de buche una rareza que se creía exclusiva de las palomas y tórtolas, pero hoy se sabe que la presentan también los flamencos; se produce en ambos sexos, por engrosamiento y descamación del epitelio del buche, y es inducida por la prolactina, curiosamente la misma hormona que hace producir leche a las hembras de los mamíferos. En las palomas está constituida, en peso seco, por un 60% de proteínas y 40% de lípidos, y contiene factores antioxidantes e inmunológicos. Su utilidad radica en aportar a las crías el suplemento proteico que necesitan para el crecimiento, independizándose así de la necesidad de conseguir el alimento de origen animal que la mayoría de las aves necesitan para los pollos, y pueden así extender la época de cría fuera de los momentos de abundancia de insectos y bichejos. También se ha desarrollado una secreción semejante en el pingüino emperador, en este caso únicamente en el macho, que la produce en su faringe, siendo una necesidad impuesta por ser el macho el que se hace cargo de la incubación mientras la hembra se alimenta en el mar, y sucede a menudo que no pueden sincronizarse tan perfectamente como para que la madre haya vuelto en el momento de la eclosión, y en tal caso tiene el padre que alimentar a su único polluelo a expensas de sus propias reservas corporales al no poder abandonarlo ni por un momento a la gélida intemperie antártica.



Foto: José Vicente

Suele decirse que empiezan las torcaces los cortejos en marzo, y que avanzado abril suelen estar ya criando casi todas, pero sea por la benignidad de los inviernos, o por el mayor calorcillo de las ciudades, por los cambios en la alimentación que le provee la diversidad de especies de jardinería o por todo un poco, puede ser mucho más tempranera: la siguiente foto de adulto cebando a un pichón se hizo el 26 de marzo de 2024 en la Avenida de Villamayor, a la puerta del edificio Victoria Adrados.

Foto: José Vicente

No pasa la paloma torcaz por especiales problemas de conservación a poquito que no se abuse de su caza; sus números se consideran crecientes; la población mundial puede que ande por los 60 o 70 millones de adultos, la europea por los 50 y la nidificante en España por los 8 o 10.

Su alimentación consiste en más de un 95% en material vegetal; consume semillas, frutillos, brotes y flores; en verano se basa mayoritariamente en cereales y en invierno en bellotas, que traga enteras y almacena en el buche; en primavera y otoño consume cantidades importantes de frutos. Quien pasee en estas fechas por Salamanca podrá notar la escasa consistencia y color negruzco de los excrementos, muy diferentes a los que produce en otras épocas, y que probablemente se deban al consumo masivo de frutos de aligustre. 

En investigaciones sobre las torcaces urbanas de Madrid, se ha comprobado que en verano se alimentan sobre todo en el suelo de los parques, mientras que en invierno se desplazan más a los árboles del entramado viario; así como que consumen los frutos de 45 especies de árboles, entre los que se encuentran muchas exóticas, con épocas de fructificación más variadas que las autóctonas. Acceso al artículo (en inglés):  https://lnkd.in/dSRtGY6V


Foto: José Vicente

 La especie fue descrita por Linneo en su X edición del Systema Naturae, con la misma denominación que se conserva hoy en día, utilizando las palabras que ya los clásicos utilizaban, columba para designar a las palomas, y palumbus más específicamente para la torcaz.   

Torcaz, en alusión a las manchas blancas que adornan el cuello de nuestra ave, viene a significar lo mismo que Torcuato,  es decir, poseedor de torques, collar rígido abierto por el frontal y generalmente engrosado en los extremos, con que se distinguían los hombres de alcurnia o mérito en pueblos antiguos como los celtas. Parece ser que no sólo está documentada la forma medieval “palomo torcado”, sino que ya en el siglo I de nuestra Era, el famoso poeta bilbilitano Marco Valerio Marcial denominaba a esta ave “palumbus torquatus”.

 

miércoles, 29 de octubre de 2025

AVE DEL MES octubre 2025

 Jilguero europeo

Carduelis carduelis (Linnaeus, 1758)

Inglés: European Goldfinch

Francés: Chardonneret élégant

Nuestro jilguero, sirguero, golorito, colorín o cardelina se vino a quedar casi solo en el género Carduelis, después de la desbandada de los verderones, pardillos y lúganos que hasta hace no mucho se incluían en él. “Casi solo”, con la única compañía del verderón serrano (Carduelis citrinella) y el verderón corso (Carduelis corsicana). 

Vienen a medir los jilgueros españoles, menores que los de la subespecie típica y asignados a la subespecie Carduelis carduelis parva, unos 12 cm y pesar unos 17 gramos en promedio.

La distribución del jilguero incluye casi toda Europa, la zona occidental de Asia y el norte de África, incluido Canarias. Se ha introducido en Australia, Nueva Zelanda, Sudamérica y otros lugares.

Foto: Carlos A. Ramírez
Foto: Carlos A. Ramírez

Es una especie que en la Península Ibérica podemos ver todas las estaciones, aunque en parte no son todo el año los mismos pájaros. Tanto de los que anidan aquí (de la subespecie C. c. parva), como de los que vienen a invernar desde más al norte (subespecies C. c. carduelis y C. c. britannica), algunos se quedan y otros continúan hasta África.

Tiene poco dimorfismo sexual y no todos los individuos se pueden sexar con seguridad porque el rango de variabilidad se solapa. El criterio más fiable es la máscara roja, que en los machos llega más atrás del ojo, mientras que en la hembra suele no rebasarlo, o incluso quedarse a mitad del ojo. También suele tener la hembra el negro de la cabeza menos intenso. Los juveniles carecen de dibujo en la cabeza, pero tienen las bandas amarillas de las alas bien conspicuas, lo que los hace inconfundibles desde volantones.


Foto: Javier Macías
Foto: Javier Macías



La alimentación de los adultos es granívora, mostrando gran predilección por las semillas de compuestas y crucíferas, apeteciendo las oleaginosas y las inmaduras, cuando puede elegir. Su pico alargado le da ventaja sobre otros fringílidos para alcanzar las semillas de los cardos, e incluso de las cardenchas, aunque para ello tenga que tronchar las espinas de las cabezuelas. A los pollos los ceba con más semillas que insectos al principio, y sólo con semillas al final. Consume también brotecillos y yemas tiernas de los árboles y otras plantas.

Foto: Carlos A. Ramírez

Construye el nido oculto en las copas de los árboles o arbustos, y le da una textura mullida con gran cantidad de lana, sustancias algodonosas o vilanos. Saca dos o tres nidadas al año, cada una generalmente de 4 a 6 huevos, de color blanco azulado, generalmente con moteado rojizo o negruzco, concentrado en el extremo grueso más que en la punta. Incuba la hembra durante unos 12 o 13 días, empezando ordinariamente cuando está puesto el tercer huevo, por lo que la eclosión no es del todo síncrona, y el macho la alimenta mientras tanto. Dura un par de semanas la estancia de los polluelos en el nido. Son fuera de la época reproductora aves gregarias, que se dedican a nomadear por los espacios abiertos en busca de alimento, en bandos a menudo numerosos  y mezclados con otros fringílidos.
Foto: Miguel Mangas

Foto: Carlos A. Ramírez

Desde antiguo se ha capturado por su canto y belleza para su tenencia y cría en cautividad, desarrollando líneas seleccionadas por sus virtudes melódicas y las mutaciones de su plumaje, e hibridándolo con canarios, verdecillos, verderones, pardillos y hasta camachuelos y cardenalitos de Venezuela.   

Foto: Vega Bermejo

Foto: Vega Bermejo

El Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección especial no lo incluye en su ámbito de protección, pero la práctica del silvestrismo viene entendiéndose prohibida desde 2018 en virtud de interpretaciones, sentencias y amenazas de sanciones a los países renuentes derivadas de la Directiva de Aves. Aunque en comparación con la pérdida de hábitat y de fuentes de alimentación por la intensificación agrícola y los desbroces masivos de solares, cunetas y descampados, lo del silvestrismo no deja de ser un poco echarle la culpa al empedrado.

Foto: Carlos A. Ramírez

De la palabra silybum, que los latinos heredaron del griego, y hoy usa la nomenclatura científica para designar el género del  cardo mariano o lechero, parece ser que viene derivando la española sirguero o silguero, y de ésta jilguero, según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, aunque no han faltado autores, como Corominas o Menéndez Pidal, que las suponían procedentes de sirgo, nombre, derivado del latín sericum, que se da a artículos de seda de colores vistosos como los del jilguero.

La especie de nuestro jilguero fue descrita por Linneo en la X edición del Systema Naturae bajo la denominación de Fringilla  carduelis. Esta última palabra la usaban ya los clásicos para designar al jilguero, y deriva de carduus, con la desinencia -elis, indicadora de pertenencia o afinidad, en clara alusión a la avidez de nuestro protagonista por las semillas de los cardos. El género Carduelis fue propuesto por Brisson en 1960.

Foto: Vega Bermejo

 Y, para terminar, hipervínculo a un video corto de “El Abreojos”:

https://youtube.com/shorts/2Gp7PEL1fWI?si=Ct3URFmVhpO0IV34

 

sábado, 20 de septiembre de 2025

AVE DEL MES septiembre 2025

 


Papamoscas gris Muscicapa striata (Pallas, 1764)

Inglés: Soptted Flycatcher

Francés: Gobemouche gris

Estos días puede observarse con relativa facilidad por los parques de esta nuestra ciudad de Salamanca a este simpático insectívoro que, una vez terminada la época de cría, anda por aquí migrando poquito a poquito, priorizando alimentarse en condiciones para rellenar sus reservas de grasa, por ser el viaje largo y el pajarillo pequeño, y así se le ve apostado en árboles, cables o alambradas, posado en posición erguida, a la espera  de que pase cerca algún insecto de buen tamaño de los que se alimenta (típulas, mariposas,  o moscardones), para lanzarse a cazarlo al vuelo, y volver varias veces al mismo posadero o a otro cercano, sin bajar al suelo más que en contadísimas ocasiones, probablemente para recoger alguna presa que se haya dejado caer. El observador avisado distingue fácilmente desde lejos este modus operandi, bien diferente de los movimientos más continuados y erráticos de los mosquiteros o el papamoscas cerrojillo. 

Foto: José Vicente

Foto: José Vicente

Es nuestro invitado de este mes casi del tamaño de un gorrión (mide unos 14 cm de longitud), de plumaje grisáceo parduzco por encima y más blanquecino por debajo, sin rasgos llamativos, pero que visto de cerca muestra pequeñas estrías oscuras en la cabeza y algo más grandes y difusas el pecho, sin ningún dimorfismo sexual apreciable, y cuyos juveniles se distinguen de cerca por tener el dorso y coberteras alares un poco más moteados de claro y el pecho de oscuro.   

Cría por prácticamente toda Europa, buena parte del Asia templada y una pequeña banda en el norte de África, y es migrador transahariano, obligado por la ausencia de insectos voladores en el invierno de las latitudes templadas y boreales. La subespecie que habita la Península Ibérica es la nominal.

Foto: José Vicente

Las subespecies que crían en Baleares (balearica) y en Córcega y Cerdeña (tyrrhenica), se ha comprobado que están muy emparentadas entre sí pero poco con las demás, por lo que son escindidas en una especie aparte, aceptada por algunos y por otros no, bajo la denominación de Muscicapa tyrrhenica Schiebel, 1910, o papamoscas mediterráneo.

Si alguien quiere conocer las diferencias (aviso: sólo apto para observadores meticulosos), y de paso conocer citas de Sicilia y la costa occidental de la Península Itálica, puede consultar el siguiente trabajo:

https://www.researchgate.net/publication/350558866_STATUS_OF_THE_MEDITERRANEAN_FLYCATCHER_MUSCICAPA_TYRRHENICA_SCHIEBEL_1910_Aves_Muscicapidae_IN_SICILY

Empiezan a asentarse nuestros papamoscas grises para criar ya bien avanzada la primavera, y construyen el nido en casi cualquier sitio que les dé un poco de escondite y amparo contra los meteoros, ya sea en alguna cavidad de un árbol o un muro, no muy cerradas, o a cubierto de algún alero, cobertizo o cualquier construcción. La puesta suele ser de cuatro o cinco huevos; para la incubación se citan datos variables entre 10 y 17 días, con un promedio de unos trece; en cualquier caso parece que la eclosión está bastante sincronizada, eclosionando todos los huevos de la nidada en el periodo de 24 horas. Colaboran activamente ambos progenitores en la ceba de los polluelos, y se ha comprobado que lo hacen seleccionando presas de tamaño, en promedio, mayor que las que ellos mismos consumen, lo cual tiene su lógica, teniendo en cuenta que para  el alimento que proporciona un insecto pequeño, puede merecer la pena el esfuerzo de capturarlo, pero quizá no el añadido de transportarlo hasta el nido, y que siempre aportan al nido los insectos de uno en uno, a diferencia de lo que hacen los vencejos o las golondrinas, que acumulan números elevados de pequeños insectos en sus bocas (se habla de más de 1000 en el caso de los vencejos) antes de llevarlos a su prole. Permanecen los polluelos del orden de trece días en el nido, y dependen aproximadamente otro tanto de las cebas paternas. A veces se produce una segunda nidada, ya bien entrado el verano.



Foto: José Vicente

Foto: José Vicente

Parece ser que se trata de una especie altamente filopátrica, según se desprende de los datos de anillamiento. Después de las migraciones, no sólo los adultos vuelven recurrentemente a los mismos lugares de anidación a reutilizar sus propios nidos si han soportado el paso del invierno, sino que los jóvenes suelen volver a los mismos lugares donde nacieron.

La UICN lo cataloga como “preocupación menor”, con estimación de entre 54 y 84 millones de adultos reproductores y tendencia decreciente; en España está protegido por el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, o “LESPRE”, sin catalogarlo como amenazado.

Foto: José Vicente

La especie fue descrita por Peter Simon Pallas en 1764, inicialmente bajo la denominación de Motacilla striata, pese a que el género Muscicapa había sido ya propuesto cuatro años antes por Brisson.

Fue este Pallas un reputado y polifacético naturalista de origen berlinés, que desarrolló casi toda su carrera en Rusia como profesor de la Academia de Ciencias de San Petersburgo bajo los auspicios de la emperatriz Catalina la Grande, y entre cuyos méritos figura el haber dirigido una fructífera expedición de exploración científica de seis años desde los Urales hasta los confines orientales de Siberia, y al que se homenajea dando su nombre a diversas especies de vertebrados, entre ellas el gato de Pallas, pequeño felino peludo y robusto, adaptado al inhóspito clima del Tíbet y las estepas y semidesiertos de Siberia y Mongolia.