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lunes, 23 de marzo de 2026

AVE DEL MES marzo 2026

Chochín paleártico
Troglodytes troglodytes (Linnaeus, 1758) 

Inglés: Eurasian Wren
Francés: Troglodyte mignon

Este mes toca, o elegimos, hablar de un pequeño insectívoro, de 10 cm escasos y unos 10 gramos de peso, que pasa fácilmente desapercibido a nuestra vista por ser escondedizo y amigo de sitios umbríos y nemorales, que se busca la vida brincando por zarzas, setos, enredaderas y sotobosques, o hurgando en el mantillo, siempre presto a esconderse a poco que se le moleste.
Foto: Carlos A. Ramírez

Foto: Carlos A. Ramírez

Viendo su mapa de distribución, https://es.wikipedia.org/wiki/Troglodytes_troglodytes#/media/Archivo:TroglodytesTroglodytesIUCN.svg,  vemos que abarca toda la zona templada de Eurasia desde Portugal hasta Japón, y algo del norte de África, faltando sin embargo en amplias zonas de Asia, posiblemente por su carácter estepario y escaso en sus biotopos preferidos. En la Península Ibérica es más ubicuo en la zona atlántica, mientras que en la mediterránea se acomoda a sotos y jardines, allí donde la humedad edáfica o el riego le aseguran un ambiente fresco durante todo el año y por el cuidado de setos, el descuido de ruinas y solares o el respeto a la vegetación de riberas encuentra una cobertura arbustiva densa. Son nuestras poblaciones peninsulares sedentarias, y se les añaden en invernada otros contingentes venidos de más al norte. Es el único representante en la región Paleártica (o sea, Eurasia no tropical y norte de África) de una familia, la de los Troglodytidae, que se cree originaria de América, continente en el que habitan la casi totalidad del centenar aproximado de especies reconocidas. (Para conocer de un vistazo las regiones zoogeográficas que describió Alfred Russell Wallace, pincha aquí https://es.wikipedia.org/wiki/Ecozona#/media/Archivo:RegionesBiogeograficas.png
Foto: Carlos A. Ramírez


Su alimentación se basa mayoritariamente en larvas de lepidópteros y coleópteros, pero incluye también larvas y adultos de cualquier insecto o invertebrado de tamaño adecuado, incluso de algunos que puede capturar en la superficie del agua desde alguna planta acuática o ramilla colgante, e incluso alguna semilla cuando la carestía invernal le obliga. Los adultos de ambos sexos tienen plumajes idénticos, y el juvenil parecido, apenas algo menos contrastado y más esponjoso. 
Foto: Carlos A. Ramírez


Es especie poligínica. Cada macho, si tiene buen territorio y se le da bien, puede aparearse hasta con dos o tres hembras, o a veces hasta con cuatro. Empieza el macho a construir un par de nidos, resguardados en oquedades de piedras, muros o árboles, o a veces escondidos entre la vegetación espesa, esféricos y con una abertura lateral; si tiene éxito en atraer con ellos a una o dos hembras, éstas acaban de acomodar los nidos y el macho empezará de nuevo a construir para intentar atraer a alguna más. Cada hembra suele sacar un par de nidadas al año, cada una con un promedio de media docena de huevos; se han documentado puestas mucho mayores, que se sospecha que pueden ser de dos hembras que hayan usado el mismo nido.Las hembras incuban durante un par de semanas, y otros 16 días suelen estar los polluelos en el nido, y otro par de semanas siguen siendo atendidos por su madre, y por el padre, si es que les toca algo en el reparto de su tiempo. Linneo describió la especie en 1758 bajo la denominación de Motacilla troglodytes. 


El nombre de troglodytes, o cavernícola, es de origen griego y alude a la forma de su nido y a su querencia por meterse en oquedades para anidar y para usarlas como refugio comunitario en las noches de inverno, en las que se juntan varios individuos, o incluso hasta varias docenas en casos raros, para conservar el calor de sus pequeños cuerpecillos como buenamente pueden. Se dice que el nombre vernáculo del chochín se le dio por el parecido del plumaje con el de la chocha o becada. 
 La Lista Roja de la UICN lo considera “preocupación menor” y estima, con datos referidos a 2012, una población mundial de 215,000,000 - 379,999,999 adultos. En el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial está incluido, sin catalogar como amenazado. La población nidificante española se cree que es superior a los 5 millones de individuos, con tendencia creciente.
Foto: Carlos A. Ramírez

jueves, 26 de diciembre de 2024

AVE DEL MES diciembre 2024

 


Picogordo

Coccothraustes coccothraustes (Linnaeus, 1758)

Inglés: Hawfinch

Francés: Gros-bec casse noyaux


Foto: Carlos A. Ramírez


¿Eres capaz de cascar con la boca huesos de cereza y de aceituna? El picogordo sí. 

Se trata de un fringílido cabezón y colicorto, grandón en comparación con los demás miembros de su familia (podríamos hablar de alrededor de 17 cm de longitud y 50 o 60 gramos), poco amigo de dejarse ver y mucho de moverse a escondidas por las copas de los árboles, con un patrón de coloración que puede parecer llamativo pero que lo invisibiliza completamente en un suelo alfombrado de hojas secas, y con canto y reclamo que también podríamos tildar de discretos, todo lo cual hace que su presencia sea poco detectable.


Tiene poco dimorfismo sexual en el plumaje, aunque más apagado el de la hembra, que además tiene un panel alar gris a diferencia del macho que lo tiene negruzco; ambos sexos exhiben un pico de tono gris rosado pálido en invierno, y en verano de color oscuro azulado, que comparan con el del acero pavonado. 

Foto: José Vicente
Foto: Carlos A. Ramírez


Vive en arboledas, preferente pero no exclusivamente de caducifolios, y se alimenta de semillas grandes y de frutillos, incluyendo piñones, hayucos, frutos de escaramujo, majuelo, almez y muchos otros. A los pollos les suministra proteínas que necesitan en la edad de crecer, con orugas, coleópteros y otros insectos. Rompe las semillas sujetándolas con la lengua contra la escotadura de la pieza superior del pico y partiéndolas con el borde cortante de la inferior, siendo este mecanismo similar al del resto de los fringílidos, aunque de fuerza bien distinta.

Cría en una banda que va desde Portugal y el norte de Marruecos hasta Kamchatka y Japón (acceso al mapa de distribución según Wikipedia: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f0/Rangemap-grosbec.png/600px-Rangemap-grosbec.png)

Foto: José Vicente


En la Península Ibérica es especie sedentaria, y recibimos además invernantes de Centroeuropa.

No tiene su modo de reproducción grandes particularidades con respecto a sus parientes. Construye el nido en las ramas de los árboles, con la forma típica de tazón que podría tener la de cualquier otro fringílido. A veces crían varias parejas formando pequeñas colonias. Pone la hembra de 4 a 6 huevos blanquecinos con motas oscuras, y se dice que los incuba sólo ella mientras el macho la alimenta, durante unos doce días; otros diez o doce aguantan los pollos en el nido y otro par de semanas dependen los volanderos del alimento que les suministran los padres. Generalmente cría una sola pollada al año.



Es especie protegida por la normativa española, incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección especial, sin catalogar como amenazada. La estima poblacional para España es de 403.000 individuos; se cree que está en moderado ascenso, si bien resulta llamativo que las estimaciones a finales del siglo XX fueran 100 veces menores, por lo que cabe sospechar muestreos insuficientes por entonces, junto con la baja detectabilidad de la especie. https://atlasaves.seo.org/ave/picogordo-comun/

La población mundial también se considera creciente y estimada en 14,6 a 24,2 millones de adultos por la UICN.

La denominación de la especie la efectuó Linneo en 1758, incluyéndola en el género Loxia junto con los piquituertos. La palabreja que designa hoy tanto al género como a la especie es de etimología griega y significa, más o menos, “rompedor de semillas”. Finalmente indicar que su nombre inglés lo podríamos traducir un poco a nuestro gusto y manera como “pinzón de las acerolas”, o de los frutillos de cualquier Crataegus, y el francés vendría a significar “picogordo cascaendocarpos”.


miércoles, 21 de febrero de 2024

AVE DEL MES febrero 2024

 

 Somormujo lavanco 

Podiceps cristatus (Linnaeus, 1758)

 

Inglés: Great Crested Grebe

Francés: Grèbe huppé

Es un ave que promedia casi medio metro de longitud, y su peso es de más o menos un kilo o kilo y cuarto, fácil de ver en el buen tiempo en aguazales con profundidad suficiente para sentirse protegido y bucear, y lo bastante someros como para anclar su nido al suelo o a la vegetación palustre, y más aquerenciado en invierno a embalses y aguas costeras, estuarios y otras masas grandes de agua, mostrando un plumaje invernal blanquigrís, sin la vistosidad ni los copetes de plumas ornamentales del plumaje nupcial, pero siempre reconocible por su aspecto cuellilargo y su modo de flotar profundo, a menudo con casi todo el cuerpo hundido hasta casi el dorso. En cualquier caso, parece ser que se encuentra cómodo en las aguas abiertas, no confiado en la ocultación de la vegetación y sí en la distancia a la orilla y en su capacidad de escapar de los peligros buceando y emergiendo al cabo de medio minuto por cualquier otro sitio, a decenas de metros del punto de inmersión. Difícilmente se le verá moviéndose sobre sólido, si no es para encaramarse a la plataforma de nidificación, pues camina con torpeza por tener las patas dispuestas en posición muy trasera, buena para nadar y bucear, a lo que ayudan los dedos provistos de anchos lóbulos, que se separan y extienden en el movimiento de impulsión, pero se juntan y pliegan en el de avance, lo que, junto con un tarso de inusitado aplastamiento lateral, reduce a casi nada la resistencia del agua al adelantar los pies.

 La subespecie nominal es la que podemos ver por aquí, y se encuentra por la mayor parte de Eurasia. Es residente en Europa occidental, pero migratorio en otros lugares de inviernos menos benignos. Las subespecies africana, P. c. infuscatus, y de Oceanía, P. c. australis, vienen siendo también sedentarias.

Se alimenta mayormente de peces; también de invertebrados acuáticos y batracios, y algo de material vegetal tierno como brotes de plantas acuáticas. Se sabe que también come plumas, probablemente para facilitar el tránsito de espinas, escamas y exoesqueletos y formar egagrópilas.

 El somormujo lavanco es territorial en la época de cría, y se empareja con llamativas actividades de cortejo, que desarrollan ambos sexos con parecida vehemencia y parecido plumaje, y que incluyen carreras sobre el agua en pareja, estiramientos y contorsiones de cuello sincronizados, elevaciones de casi todo el cuerpo en vertical sobre la superficie y ofrecimiento de algas cual si fueran valiosos presentes, así como ostentación de los vistosos moños de plumas que por la época reproductora tienen en la cabeza y en la cara, y que pueden extender o relajar a voluntad.

Construyen nidos flotantes en forma de plataforma sobre la superficie del agua, con vegetación palustre o broza arrastrada por las aguas; ponen por lo general entre 3 y 6 huevos, que son incubados por ambos progenitores. Saldrán de ellos polluelos nidífugos, que desde el principio, nadan, bucean y se hacen transportar subidos al dorso de los padres, y muestran un diseño de rayas negruzcas sobre fondo blanco, más contrastado en la cabeza y cuello que en el cuerpo, y una mancha rosada en la frente y otra delante de cada ojo.

 A las 9 o 10 semanas completan el plumaje y se independizan. Tienen los juveniles durante su primer otoño un diseño parecido al invernal del adulto, pero con rayas oscuras en la cara, y parece ser que algunos se emparejan y crían tras el primer invierno, pero que lo habitual es hacerlo tras el segundo.

La población reproductora europea se estima entre 772.000 y 1.060.000 adultos, con tendencia estable.

Para España no parece que haya disponibles datos recientes sobre su demografía; se estimaron 11.800 individuos en 2007. Está considerado por la Lista Roja de la UICN como de “preocupación menor”. Está incluido en el Listado Español de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, sin catalogar como amenazado.

Se cree que procede la palabra "somormujo" (o "somorgujo", que también existe y significa lo mismo), del verbo "somorgujar" (que significa sumergir o bucear), que al parecer podría derivar del antiguo latín submerguculare, y éste de una forma diminutiva del sustantivo mergus, el cual designaba a no se sabe qué especie o especies de aves buceadoras y lleva parentesco con el verbo mergere (sumergir), y es que al parecer la asociación lingüística entre este tipo de aves y los conceptos de sumergir, emerger e inmersión viene de tiempos antiquísimos, remontándose probablemente al indoeuropeo.

Por lo que respecta al término “lavanco”, se desprende del Diccionario de la Real Academia Española que es una corrupción de “navanco”, que viene a significar propio de las navas, o terrenos encharcadizos en despoblado, y el propio diccionario lo refiere, bajo las formas de “navanco”, “lavanco” y “alavanco”, a los patos bravíos. 

La especie fue descrita por Linneo en su famosa décima edición del Systema Naturae (1758), bajo la denominación de Colymbus cristatus, en la suposición de que los actuales Gaviiformes o colimbos, y los Podicipediformes (somormujos y zampullines), estaban estrechamente emparentados, cuando realmente sus semejanzas externas hoy se sabe que son fruto de evolución convergente. El nombre genérico de Podiceps le fue dado por John Latham en 1787, y se lee recurrentemente que lo formó de las palabras latinas podex-podicis (ano) y pes-pedis (pie), en alusión a la posición retrasada de sus patas. A servidor no se le alcanza qué arte de birlibirloque haya transformado “podicipes” en “podiceps”, y sería de agradecer que algún entendido en esto de las desinencias latinas nos diera la explicación, si es que existe alguna distinta de un lapsus calami.

sábado, 27 de enero de 2024

AVE DEL MES Enero 2024


Mirlo Común
 

Turdus merula
Linnaeus, 1758

Inglés: Common Blackbird 
Francés: Merle noir 

Foto: Germán Fraile

El ave de este mes es un paseriforme de unos 25 cm de largo o poco más, y de alrededor de 100 gramos, poco amigo de las grandes alturas, y más proclive a moverse por el suelo medio corriendo y medio saltando, a subirse a arbolillos y a esconderse bajo los setos, y puede verse fácilmente por los parques urbanos, o por cualquier sitio no excesivamente descubierto, mejor que mejor si tiene suelo mojado o regado en el que buscar lombrices de tierra. Se alimenta también de cualquier otro insecto o bichejo, y de frutitos dependiendo de la época del año. 
Es el macho fácil de ver, y de identificar; es de comportamiento confiado y plumaje negro, con el pico y anillo ocular de color amarillo anaranjado intenso; la hembra algo más escondediza y de color más apagado, parduzco oscuro con garganta y pecho algo más claros, y con el pico bastante variable entre el pardo-gris oscuro y un amarillo a veces casi tan intenso como el del macho. 
 Vive en casi toda Europa, en el norte de África y en zonas de Asia Oriental y Central; está presente en Canarias, con una subespecie propia, e introducido en Nueva Zelanda y sureste de Australia. Las poblaciones españolas son residentes; otras más norteñas son migradoras. Es un animal relativamente territorial, nada proclive a formar bandos salvo en la migración; en condiciones de abundancia de alimento parece ser bastante permisivo con la presencia de otros mirlos en las proximidades incluso para anidar, pero, eso sí, yendo cada uno a lo suyo sin desarrollar conductas gregarias. Parece ser que los machos eligen y defienden su territorio desde el primer año para conservarlo de por vida si pueden, y que también las parejas se mantienen a lo largo de la vida. Anida en arbustos o arbolillos, confiando más en la ocultación que en la altura por lo general escasa, en nidos en forma de cuenco no muy diferentes de los de cualquier otro pajarillo de los que crían entre el ramaje, hecho de hierbas, ramillas, barro y musgo; lo construye la hembra a su gusto y capricho, encargándose el macho más bien de aportar material. Empieza la cría de forma tempranera, a menudo con el nido construido ya en febrero y huevos puestos en marzo o abril, de forma que le da tiempo a sacar cada año dos o tres puestas, cada una de entre 3 y 5 huevos generalmente; en Madrid se han registrado puestas incluso a finales de enero. Al parecer lo más habitual es que construyan un nuevo nido entre puesta y puesta, aunque se dan casos de utilizar el mismo toda la temporada, o incluso reutilizar alguno del año anterior en el improbable caso de que haya sobrevivido al embate de los meteoros. Suelen los huevos ser azulados con motas pardas, incubados por la hembra durante aproximadamente dos semanas. Ambos progenitores colaboran en la alimentación y la retirada de los sacos fecales. 

Foto: Carlos A. Ramírez
Los pollos pueden permanecer en el nido 18 o 19 días, o escapar a los 9 o 10 en caso de peligro con el emplumado a medio terminar, escondiéndose entonces entre los arbustos y siendo alimentados por los adultos hasta quizá un par de semanas después de terminar el crecimiento, aquerenciándose unos pollos con el padre y otros con la madre, o todos con el padre si la hembra se echa a incubar de nuevo.

Los juveniles tienen el pico oscuro y un diseño corporal algo más rojizo y moteado que las hembras. Los machos de primer otoño se distinguen por su pico oscuro, que a primeros de año o poco más se pondrá del vivo color del adulto, listo para sus primeras nupcias; y por su plumaje corporal ya negro, con pardo en las alas debido a una muda postjuvenil incompleta, tras la que suelen retener del plumaje juvenil rémiges parduzcas y quizá también alguna cobertora de las alas, hasta la muda de su segundo otoño. 

 La Lista Roja de la UICN lo considera de población creciente, y estima la población mundial de adultos entre 10 y 500 millones, como si eso fuera estimar algo; le atribuye un estatus de “preocupación menor”. En España se considera también de población creciente y no está incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. 


Foto: Carlos A. Ramírez
Respecto a la etimología del nombre científico, que ha mantenido inmutable desde que Linneo se lo asignara en 1758, tiene poco que explicar el epíteto específico, merula, que es el nombre que ya en el latín antiguo se daba al mirlo; también se explica por sí solo el uso de turdus para designar al género en el que se incluyen, además del mirlo, los tordos, zorzales, malvices o malvises, que de todas estas formas pueden y deben llamarse, y que no han de confundirse con los estorninos que, pese a denominarse habitualmente “tordos” por estas tierras de Salamanca, no pertenecen al género Turdus ni a la familia de los Túrdidos.

lunes, 22 de mayo de 2023

AVE DEL MES mayo 2023

 

Pájaro moscón europeo

Remiz pendulinus (Linnaeus, 1758)

Ing.: Penduline Tit

Fr: Mésange rémiz


Foto: Carlos A. Ramírez


Este mes hablamos de un pequeño pajarillo de unos 10 cm de largo y apenas unos 10 gramos, amigo de sotos y carrizales, por los que se mueve y columpia con ademanes parecidos a los de los páridos, con los que otrora compartió familia taxonómica, si bien en la actualidad la antigua subfamilia de los remizinos está elevada a rango de familia independiente.

Se encuentra nuestro protagonista ampliamente distribuido por Europa y Asia suroccidental, y es sedentario en nuestras latitudes, y migradoras las poblaciones septentrionales, que se refugian de en las zonas mediterráneas y sur de Asia de los rigores invernales.

Es un pequeño insectívoro que complementa su dieta con pequeñas semillas de sauces , eneas, chopos o carrizos.


Elabora unos característicos nidos colgantes y bursiformes, con un túnel de entrada, siempre asociados a masas de agua ya sea corriente o estancada, suspendidos de alguna rama o incluso en ocasiones de eneas o carrizos. Es el macho el que realiza la mayor parte de la construcción de uno o varios nidos con los que intenta atraer a las hembras, que son las que al parecer efectúan los últimos remates; realizan la estructura con fibras vegetales y con lana si la encuentran, y los forran con las semillas algodonosas de sauces, chopos o espadañas.

El tamaño de puesta suele ser de 5 a 8 huevos, y viene a durar dos semanas escasas la incubación, y dos semanas largas el crecimiento de los polluelos hasta su salida del nido.

Tiene un comportamiento reproductor curioso, en cuanto que practica tanto la poliginia como la poliandria, de modo y manera que cada miembro de la pareja intenta abandonar al otro cargándole con todo el trabajo de la incubación y cría, por el sistema de “tonto el último”, para intentar encontrar nuevas parejas, con la consecuencia de que cada puesta la suele incubar y criar únicamente uno de los progenitores, que puede ser tanto el macho como la hembra. No obstante, existen estudios que apuntan a que son los machos los que más a menudo tienen éxito en su pretensión de escaquearse, por la ventaja que les da el hecho que la fecundación termine antes que la puesta; ventaja que al parecer las hembras intentan minorar escondiendo los huevos, enterrándolos en el mullique del interior del nido, lo cual dificulta al macho reconocer el momento óptimo para la deserción, así como abandonando las hembras al cuidado del macho puestas incompletas. En resumidas cuentas, parece ser que son más los nidos abandonados por los machos que por las hembras, y que un considerable porcentaje de nidos son abandonados por ambos progenitores. Puede obtenerse más información en http://www.eeza.csic.es/Documentos/Publicaciones/Valeraetal.1997.BehavEcol.pdf

En todo caso, no parece que la desatención de nidos conlleve una grave penalización en términos de demografía de la especie, dado que su tendencia ha venido siendo expansiva en las últimas décadas.

La Lista Roja de la UICN le asigna la categoría de “least concern”, que es tanto como considerarlo no amenazado, y estima en su última revisión de 2019 una población total de 1.400.00 adultos. Por su parte el Listado Español de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, lo incluye como "de interés especial", sin catalogar como amenazada.

 La especie fue descrita por Linneo en 1758 bajo el nombre de Motacilla pendulina, aludiendo el el epíteto específico pendulina al nido colgante; el nombre genérico le fue asignado en 1819 por el polaco Feliks Pawel Jarocki, y es el mismo nombre que en este idioma recibe el pájaro moscón.

 

 

viernes, 14 de abril de 2023

AVE DEL MES abril 2023

 

 Rabilargo ibérico 

Cyanopica cooki Bonaparte 1850

Ingl.: Iberian Azure-winged Magpie

Fr.: Pie bleue ibérique




Nuestro protagonista de este mes es un pequeño córvido, el rabilargo ibérico, antaño considerado una mera subespecie de Cyanopica cyanus (Pallas 1776) (esta última propia del Extremo Oriente), y sospechoso de haber sido introducido en la Península Ibérica por marinos portugueses allá por los siglos XVI o XVII, ha resultado ser una especie propia y autóctona (Cyanopica cooki Bonaparte 1850), tras haberse concluido a partir de estudios genéticos que ambos taxones divergieron hace entre uno y dos millones de años, y haberse descubierto evidencia fósil de su existencia en Gibraltar. Así pues, se confirma el fenómeno glaciar como principal candidato a ser la explicación de la tan disyunta distribución  del género Cyanopica, carente de más especies que las dos mencionadas.   Acceso a mapa de distribución del género: http://birding140.es/wp-content/uploads/mapa-rabilargo.jpg
Inconfundible por su coloración y por sus hechuras de “miniurraca” de unos 34 cm de largo y en torno a 70 gramos, suele pulular en bandos por dehesas y otros lugares de arbolado poco denso, hasta una altura de 1600 m., durante todo el año dado que es especie sedentaria.
No presenta ningún dimorfismo sexual apreciable.
Los juveniles se diferencian de los adultos por la coloración menos brillante y más grisácea de las alas y cola y, hasta la primera muda juvenil, color más claro y abigarrado en la cabeza, al tener sus plumas negras con el extremo ocráceo.
Es un omnívoro declarado que lo mismo rebusca insectos y lombrices que consume semillas y frutos silvestres o cultivados, sin despreciar las bellotas, gorronea el pienso de las tolvas o aprovecha carroña y desperdicios, captura algún que otro pequeño vertebrado y tiene la mala fama, verdadera pero exagerada, de depredar nidos. Sin embargo, parece que los polluelos son cebados únicamente, o casi, con material animal.
Con respecto a la reproducción, es característica del rabilargo la existencia de “ayudantes”, es decir, miembros de la colonia no reproductores, casi siempre machos, que ayudan en la cría de nidadas ajenas, tanto en las cebas como en la retirada de sacos fecales o en la defensa del nido. A ello contribuye la desproporción de sexos (hay más machos que hembras). Entre las hipótesis que tratan de explicar el fenómeno de la cría cooperativa en las no muy abundantes pero tampoco excepcionales especies que de una forma u otra la practican (pensemos sin ir más lejos en el ser humano o en los insectos sociales)  está la selección por parentesco, según la cual un individuo, a falta de poder criar hijos propios (o de hacerlo con suficiente eficacia en un medio hostil o con mucha competencia), contribuye al éxito reproductor de parientes más o menos cercanos con los que compartiría más genes (entre ellos los que induzcan a la cooperación) que con los extraños; es decir, a la hora de perpetuar el material genético en la competencia por la selección natural, igualmente transmiten copias de un 50% de mis genes un hijo que un hermano o dos medios hermanos,  dos nietos o dos sobrinos, o cuatro primos carnales; esta hipótesis resulta más clara en otras especies en las que son los propios hijos mayores los que ayudan a sus padres. En el caso del rabilargo, se sabe que la dispersión post-juvenil con el consiguiente aporte a la exogamia en los bandos, se realiza fundamentalmente por parte de las hembras, por lo que cabe suponer a los machos de un mismo bando un considerable parentesco. Otras posibles ventajas que podrían obtenerse de la cría cooperativa, sería la posibilidad de obtener cópulas “adúlteras”, aumentar la posibilidad del ayudante de emparejarse en caso de ruptura futura de la pareja actual, o adquirir habilidad en el cuidado de las crías o conductas sociales.



Los nidos se construyen generalmente en árboles, y están construidos con palos y tallos flexibles entrelazados, algo reforzados con barro, y forrados por dentro con materiales suaves. En su construcción participan los dos consortes, y a menudo otros miembros del grupo, sin que por ello se conviertan necesariamente en ayudantes para el cuidado de los polluelos. Hacia abril o finales de marzo se producen las primeras puestas, demorándose las hembras primerizas algún día más que las otras, y con un promedio de 6 o 7 huevos por nido. Son habituales las puestas de sustitución, pero sacar dos nidadas en un año es un hecho raro que sólo se produce en temporadas de climatología muy favorable y con primeras puestas tempranas. Únicamente la  hembra incuba, pudiendo dedicar a ello casi todo su tiempo gracias al alimento suministrado por su consorte, y quizá por los ayudantes, si es que los tiene. Los pollos abandonan los nidos con dos semanas o poco más de edad, antes de poder volar, y son atendidos en las inmediaciones durante varias semanas más por los adultos.

Al menos donde se ha podido estudiar el asunto, son más las parejas que repiten de un año para otro que las que se divorcian, pero más aún las que no tienen tal disyuntiva por la muerte de alguno de sus miembros, ya que la vida reproductora de un individuo no va mucho más allá de un par de años en promedio.

A veces padece el rabilargo el nidoparasitismo del críalo, aunque ni de lejos tan a menudo como la urraca. Algunos experimentos han mostrado que discrimina con bastante eficacia los huevos del parásito, y se dice que realiza una eficaz defensa comunitaria, atacando los bandos de rabilargos a los críalos incluso con mayor ensañamiento que a las rapaces.

La tendencia demográfica del rabilargo ibérico se considera creciente, está catalogado por la UICN Red List como “least concern”, y probablemente cuente con algo más de un millón de individuos.  Se encuentra incluido en el Listado español de Especies en Régimen de Protección Especial (todavía bajo la denominación de C. cyanus), sin inclusión en el Catálogo de Especies Amenazadas.

El nombre específico homenajea al capitán de la marina real británica, naturalista y escritor Samuel Edward Cook (1787-1856), que recolectó el holotipo, tras haberse percatado de la presencia del rabilargo en la Península (hasta entonces desconocida para la ornitología oficial), y efectuó menciones al mismo en su libro Sketches in Spain during the years 1829 – 1832.

 

lunes, 6 de febrero de 2023

AVE DEL MES febrero 2023

 El Cormorán Grande

Nuestro protagonista de este mes, el cormorán grande, Phalacrocorax carbo (Linné 1758), es un ave de la familia Phalacrocoracidae, mayoritariamente invernante en nuestra península, si bien cada vez son más frecuentes las colonias de cría, debido a su clara expa nsión poblacional en las últimas décadas, en las que ha pasado de estar poco menos que al borde de la extinción hace 40 o 50 años, a constituir en muchos sitios una plaga denostada por pescadores y piscicultores, y de no encontrársele más que en zonas costeras, a proliferar tierra adentro siguiendo los ríos y aquerenciándose en los embalses.


Es una especie que se encuentra en mayor o menor extensión en todos los continentes excepto América Central y del Sur y la Antártida, y de la que se reconocen cinco subespecies, de las cuales en España  podemos encontrarnos  Ph. carbo carbo (costera, que cría en las Islas Británicas, Islandia y Francia), y  Ph. carbo sinensis, más pequeña, que cría en el resto de Europa, China y Japón, y es la que está colonizando las aguas interiores.

El nombre genérico, Phalacrocorax, significa “cuervo calvo”, mientras que la palabra “cormorán” procede, al parecer a través del francés, del latín “corvus marinus”; no obstante estos nombres, no tiene ningún parentesco con los córvidos ni con el resto de los Passeriformes.  Pertenece al Orden de los Suliformes (junto con los alcatraces, fragatas y anhingas), si es que aceptamos las revisiones taxonómicas de los últimos años, que separan a todos éstos del tradicional Orden de los Pelecaniformes (que, dicho sea de paso, quedaría convertido en un revoltijo en el que los Pelecánidos pasan a estar acompañados de algunas de las familias antes consideradas Ciconiformes, entre ellas las Ardeidas y Treskiornítidas). La palabra carbo, como es fácil suponer, significa “carbón” en latín y alude al color de su plumaje.

No presenta nuestro protagonista dimorfismo sexual aparente, salvo alguna pequeña diferencia en el peso. Ambos sexos adquieren en el plumaje nupcial manchas blancas en los muslos y el cogote, además de la permanente en la cara, siendo por lo demás de color negro con iridiscencias purpúreas, y en el dorso de las alas de un matiz broncíneo verdoso. Los juveniles presentan un color parduzco grisáceo oscuro con las partes inferiores claras, y se van oscureciendo hasta tornarse negros en su segundo año.

Las medidas vienen siendo de alrededor de 90 cm de largo y metro y medio de envergadura, con un peso de unos 2 o 2,5 kg.

Pueden verse fácilmente los cormoranes posados al borde del agua con las alas extendidas puestas a secar después de sus buceos que pueden alcanzar esporádicamente varias decenas de metros de profundidad; característica es también la natación con el cuerpo casi hundido, asomando sólo el dorso y el cuello y cabeza. Sobre la ayuda en la inmersión de una supuesta falta de engrasamiento del plumaje y atrofia de la glándula uropigial –o uropígea-,  se puede oír y leer de todo; el amigo Félix nos aclara, en el capítulo de El hombre y la Tierra dedicado al cormorán moñudo, que tienen esta glándula funcional, y que, si bien la secreción oleosa es menor que en otras aves, se impermeabilizan  los cormoranes convenientemente el plumaje del cuerpo, pero no  las rémiges y rectrices, que sí se empapan con agua y contribuyen a disminuir la flotabilidad. No obstante, no falta también algún estudioso que más recientemente afirma que la nanoestructura de las plumas de los cormoranes  hace que se sequen casi por completo al salir del agua, y que el hábito de extender las alas podría tener tanta o más importancia para la termorregulación o la comunicación intraespecífica que para completar el secado de las plumas.

En el buceo las alas cumplen una finalidad sobre todo de estabilización y dirección, siendo la impulsión a cargo de sus grandes pies “totipalmeados”, es decir, con los cuatro dedos unidos por membrana natatoria (a diferencia de las anátidas, en que el primer dedo, equivalente al pulgar, no está incluido en la membrana).

La anidación es colonial, construyendo los nidos en acantilados costeros, en árboles o en cañaverales, hechos de palos, algas y broza, y recubiertos de plumas; los reutilizan acumulando material año tras año, con lo cual, añadido al efecto letal de los excrementos, pueden llegar a derribar los árboles en los que se asientan las colonias. Al parecer es el macho el que aporta más material mientras la hembra se dedica a la construcción. Suele poner 3 a 5 huevos, más raramente 1, 2 o 6, de color azul verdoso, que incuba la hembra durante 25 días o un mes. Con facilidad efectúa puestas de sustitución.

Los polluelos nacen desnudos y negros, y a los pocos días se recubren de plumón negruzco; son nutridos con alimento regurgitado que toman del mismo gaznate de sus progenitores, y echan a volar con aproximadamente 50 días de vida, y durante otros tantos pueden volver al nido y seguir siendo alimentados. No suelen reproducirse hasta los 4 o 5 años de edad.


La población europea, reducida a solo unos miles en los años 70 debido a la persecución humana y la contaminación por DDT, ha crecido exponencialmente hasta las 400.000 o 500.000 parejas (que pueden ser como la mitad de la población mundial), con necesidad incluso de realizar descastes por sus  daños a la riqueza piscícola, al arbolado y posiblemente a especies de peces protegidas o endémicas. La voracidad del cormorán grande es objeto de controversia,  desde quien afirma que consume 0,3 o 0,5 kg. de pescado al día en época de invernada, y mínimo de 0,6 los pollos en crecimiento, hasta quien dice que 2 kg., y, puestos a exagerar, hasta el doble de su propio peso; en cualquier caso son muchas las toneladas de peces que puede consumir una colonia al cabo del año. Nuevamente nos orienta Félix en el documental antes mencionado, donde afirma que el pollo de cormorán moñudo protagonista (algo más pequeño que el cormorán grande), troquelado y alimentado a mano por los miembros del equipo de filmación, comía un kilo o kilo y medio de peces al día, si bien cabe pensar que quizá estuviera recibiendo un trato de marajá en comparación con las penurias que en mayor o menor medida deben sufrir sus congéneres salvajes, y no digamos si la comparación la efectuamos con los benjamines de las polladas, que como era de esperar son de eclosión asíncrona; no descubriremos ahora la sopa de ajo si decimos que este mecanismo  es ampliamente generalizado en aves nidícolas como medio de concentrar el alimento en los pollos más desarrollados cuando no hay suficiente para sacar adelante a toda la nidada.

En cuanto al estatus de protección a nivel nacional en España, el cormorán grande no está incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Fue excluido en mayo de 2004 del anterior Catálogo de Especies Amenazadas, en el que estaba catalogado  como de “interés especial”. La UICN Red List le atribuye tendencia poblacional creciente y la categoría de “preocupación menor”.

lunes, 19 de noviembre de 2018

AVE DEL MES: NOVIEMBRE


Esta accipítrida es el ave europea de mayor envergadura alar, superior a los 2,50 m, pudiendo raramente llegar incluso a los 3. Su longitud viene siendo de un metro o poco más, y su peso entre los 7 y 12 kg.
Ambos sexos son indistinguibles externamente. Los juveniles se diferencian por su plumaje de un parduzco más oscuro, casi negro, cabeza con plumón oscuro, pico negro y cera rosada (azulada en los adultos). En vuelo se distingue del leonado por sus alas más rectangulares y algo más caídas.


Es el único representante de su género y no se reconocen subespecies.
Su distribución viene ocupando la parte sur de la región Paleártica. Es sedentario en Europa y algo más migrador en las poblaciones asiáticas.

Es una especie que en España está asociada al monte mediterráneo, anidando generalmente en lo alto de grandes árboles (aunque en Asia es más frecuente la anidación en roquedos), tanto pinos como quercíneas, a altitudes de hasta 1.900 metros. Suele formar colonias poco apretadas (con los nidos separados entre sí decenas o incluso algunos centenares de metros), de las que puede alejarse fácilmente 50 o 100 km. en sus búsquedas de alimentos. Tampoco faltan las parejas que anidan en solitario.
Es un prospector del terreno más meticuloso que el buitre leonado, y más proclive a consumir pequeñas carroñas, hasta el punto de que los cadáveres de conejos constituyen una parte importante de su dieta, en la que a veces incluye reptiles  e insectos. De las carroñas grandes consume preferentemente las partes más coriáceas, con tendencia a rechazar las vísceras y tejidos blandos, aprovechados de preferencia por los buitres leonados.


Las parejas reutilizan el mismo nido año tras año, añadiéndole cada vez algo de material. Lo construyen con palos entrelazados y acolchado con pelo, lana y sus propias egagrópilas. El periodo de celo se desarrolla a finales de otoño y en invierno; la puesta suele constar de un único huevo, que ambos sexos incuban durante unos cincuenta y cinco días en promedio; el polluelo permanece en el nido durante unos tres o cuatro meses.
Comienza a reproducirse generalmente a la edad de cinco o seis años, aunque se han constatado casos a los cuatro; la longevidad conocida en cautividad ha llegado a los 39 años.
La Lista Roja de la UICN le atribuye una tendencia poblacional decreciente, con categoría de “casi amenazada” y una población mundial estimada de 15.600 a 21.000 parejas. Por el contrario, en España, al amparo del status legal de “vulnerable”, la tendencia es de clara recuperación desde los pocos cientos de parejas en los años 70 (206 según censo de 1973, probablemente bastante incompleto), hasta las más de 2000 en la actualidad.


Entre las principales amenazas destaca actualmente la intoxicación en sus múltiples formas, tanto por envenenamientos delictivos como por ingestión de carroña afectada por pesticidas, contaminación química difusa, medicamentos de uso veterinario o plumbismo.
La alteración de hábitats, molestias a las colonias reproductoras por actividades forestales o lúdicas y la electrocución o colisión con tendidos eléctricos son otras de sus principales amenazas.
Mención especial merece el uso en veterinaria como antiinflamatorio del diclofenaco, de alta toxicidad para los buitres, que debe considerarse incompatible con la entrada en la cadena trófica del ganado tratado recientemente.  El uso veterinario de esta sustancia tuvo que ser prohibido en la India, Nepal y Pakistán en 2006 tras acabar en 15 o 16 años con el 97% de la población indostaní de tres especies de buitres, debido en buena parte a su uso abusivo con fines paliativos en ganado vacuno moribundo, a causa de las normas religiosas que prohíben su sacrificio.


lunes, 15 de octubre de 2018

AVE DEL MES: OCTUBRE


Nuestra progatonista de este mes es un taxón de muy amplia distribución mundial y gran número de subespecies (algunos reconocen 29, otros hasta 48), estando presente en todos los continentes, excepto la Antártida, si es que no acaban desmembrándolo en varias especies, que por lo visto no faltan los que andan con ganas.Enlace a mapa de distribución: https://es.wikipedia.org/wiki/Tyto_alba#/media/File:Schleiereule-Tyto_alba-World.png



Su denominación es Tyto alba (Scopoli 1769); con el nombre del autor y la fecha entre paréntesis, lo que significa que describió la especie pero dentro de otro género, en concreto Strix. El género Tyto fue creado por Billberg en1828.Es la lechuza común el único representante por estas latitudes de la familia de Tytonidae, que básicamente se diferencia por sus patas largas y su disco facial único y en forma de corazón, de la otra familia del orden de los Strigiformes (la de los Strigidae, que incluye búhos, cárabos, autillos y mochuelos).Alcanza una longitud de 30 o 40 cm, con envergadura de unos 90, y medio kg de peso o poco menos.En nuestra Península nos encontramos como sedentaria la subespecie Tyto alba alba, de partes inferiores blancas, a la que se añade un importante contingente invernante de la más norteña subespecie T. a. guttata, de zonas ventrales marronuzcas y moteadas. En las zonas de contacto de las áreas de cría (Bélgica, E de Francia, W de Alemania, incluso el norte de España) no es nada raro el mestizaje de ambas subespecies, encontrándose toda suerte de coloraciones intermedias.
Su dieta es de las más estudiadas y mejor conocidas, si no la que más, de toda la ornitofauna mundial, debido a la facilidad de recogida de sus egagrópilas, propiciada por su antropofilia, y al buen estado de conservación de las partes identificables de sus presas, extremo éste común a los estrigiformes pero no a otras especies de rapaces. Tales partes identificables son básicamente la parte delantera de los cráneos y la dentición; los occipucios aparecen sistemáticamente destrozados debido a que es allí donde la lechuza clava su pico al matar a la presa. Resultan las egagrópilas de lechuza fácilmente distinguibles (antes de empezar a deteriorarse) por estar recubiertas de una especie de cascarilla lustrosa y negruzca que no aparece en las de búhos y cárabos.La alimentación resulta muy variable dependiendo de las condiciones ecológicas, pero podemos afirmar que en la población europea se fundamenta al 90% o más en micromamíferos, fundamentalmente en ratones, topillos y musarañas; puediendo aparecer en menor cantidad ratas, avecillas, murciélagos, gazapos, lagartijas ranas o alguna que otra comadreja. En las poblaciones tropicales disminuye la proporción de micromamíferos.En caso de plaga de una determinada presa, como sucede en las zonas cerealistas de Castilla y León con el topillo campesino (Microtus arvalis), puede convertirse de forma temporal en casi el 100% de la dieta. Conviene indicar aquí la inconveniencia del uso de rodenticidas para eliminar este tipo de plagas, en cuanto que envenenan a las lechuzas y demás depredadores, dejando la puerta abierta a mayores y más frecuentes explosiones demográficas de los roedores, en ausencia de sus depredadores, de recuperación demográfica infinitamente más lenta.



Cazan las lechuzas casi exclusivamente de noche, al parecer con dos periodos de actividad y uno de descanso entre ellos, y lo hacen tanto desde posaderos como prospectando el terreno en vuelo a baja altura (entre 1 y 4 metros), convirtiéndose así en carne de cañón ante los atropellos por automóviles y trenes. El vuelo es batido, y totalmente silencioso gracias al desflecamiento de los bordes de las plumas. Localiza a sus presas mayormente de oído, actuando el disco facial a guisa de antena parabólica, recogiendo el sonido y conduciéndolo hacia los oídos.

La reproducción de la lechuza se basa en un sistema de monogamia permanente, con emparejamientos vitalicios; los adultos, una vez establecidos tras la dispersión juvenil, son fieles a sus lugares de anidación (si es que se puede llamar anidación a depositar los huevos sin más aporte de material que las propias egagrópilas previamente regurgitadas en el refugio), y fuertemente sedentarios a menos que los rigores climáticos lo impidan, puesto que tiene escasa capacidad de acumular reservas de grasas y la innivación prolongada le resulta muy limitante.


La puesta suele ser de entre 4 y 7 huevos, que empieza a incubar desde que pone el primero, durante algo más de treinta días. Puede sacar una segunda pollada en años de abundancia. Incuba únicamente la hembra, mientras el macho se dedica a suministrarle alimento. Los pollos salen ya del refugio con un mes y medio o dos, antes de poder volar. Con tres meses de edad se dispersan, y pueden empezar a criar con un año o dos.La lechuza común está sufriendo en Europa un considerable declive poblacional en las últimas décadas, debido a la escasez de refugios por el cerramiento de campanarios, desvanes y graneros, así como al envenenamiento, los tendidos eléctricos y los atropellos.No obstante, su status global aún se considera “least concern” (preocupación menor) por la Lista Roja de la UICN.


La legislación española incluye en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, sin catalogación de amenazada, a la subespecie T. a. alba, y catalogada como “vulnerable” a la subespecie T. a. gracilirostris, la lechuza majorera, propia de Lanzarote, Fuerteventura e islotes próximos y de partes ventrales amarillentas. En las islas Canarias occidentales, por el contrario, está presente la subespecie nominal. 


lunes, 13 de agosto de 2018

AVE DEL MES: Chotacabras Gris


Es el chotacabras gris o europeo una avecilla de tamaño parecido al del mirlo, 25 a 28 cm de longitud y no más de 100 gramos, estival abundante en  España pero difícilmente visto y más fácilmente localizable por su canto.
Por si no fueran suficientes dotes de ocultación su plumaje críptico y sus hábitos nocturnos y crepusculares, tiene la costumbre de posarse en las ramas longitudinalmente a las mismas, haciendo prácticamente imposible localizarlo, de no ser que casi nos tropecemos con él en el suelo, o acuda al festín de insectos nocturnos atraídos por alguna farola.


En efecto, se alimenta de insectos que captura al vuelo, abriendo para ello una enorme bocaza en forma de embudo, ampliado por las vibrisas que salen de las comisuras.
Localiza a sus presas por la vista, ya que al parecer carece de cualquier sistema de ecolocación o de detección acústica más o menos especializada; al igual que los gatos y muchos otros mamíferos noctívagos, dispone en su retina de una capa de células reflectantes denominada tapetum lucidum que, además de reflejar fantasmagóricamente la luz de los focos, tiene la virtud de aumentar la probabilidad de que lleguen a las células sensitivas los fotones que no las hayan alcanzado directamente. Como es de ley en los animales nocturnos, presenta muchas células bastón en la retina (eficientes en la captación de luz), en detrimento de los conos (especializados en la visión del color).
Se dice que ingiere piedrecillas para ayudarse en la digestión de los insectos. Se ha citado coprofagia en los polluelos.
Puede distinguirse el macho adulto de la hembra y los jóvenes del año por tener el macho manchas blancas en tres primarias de cada ala y en el extremo de las cuatro rémiges externas.

Su área de cría se extiende por Europa y norte de África, y Asia llegando por el este hasta Mongolia. En nuestro país puede verse (es un decir) entre abril y octubre; inverna en el África subsahariana (se ha citado también invernada en Marruecos, Pakistán e Israel).
Es un animal monógamo y territorial; se cree que los machos suelen llegar a sus zonas de cría un par de semanas antes que las hembras para ir tomando posesión del territorio.
Sus zonas de cría y campeo abarcan una variedad muy amplia, si bien parece rechazar los bosques cerrados, que dificultan sus maniobras de caza, y las zonas totalmente desprovistas de árboles o arbustos, así como la alta montaña.
Puede sacar una o dos puestas al año, cada una de solamente uno o dos huevos, puestos con diferencia de un par de días; se depositan en el suelo, sin construcción de nido, y suelen tener un moteado grisáceo o parduzco que contribuye a camuflarlos entre la broza. Ambos sexos participan en la incubación, que dura unos 17 o 18 días, y los polluelos tardan otro tanto en echar a volar. Son nidícolas, y nacen cubiertos de plumón ya de coloración críptica.
Sobre esta especie pesa la secular superstición que le acusa de mamar de las cabras y ovejas, posiblemente propiciada por su costumbre de frecuentar los apriscos en busca de insectos, el tamaño de su boca, y la dificultad sociológica –hasta la aparición de la luz eléctrica- de suponer ninguna buena intención a nada que se moviera por la noche. De tal infundio proceden tanto el nombre científico (del latín mulgeo – mulgere = ordeñar) como el vernáculo, si bien aquí cabe la duda de si el verbo “chotar” (mamar) y el sustativo “choto”, se originan del latín sugere – suctum como afirman algunos, o tienen, como supone el diccionario de la RAE, origen onomatopéyico del sonido que hacen los chotos al mamar.
Detalle del ala de un chotacabras gris capturado durante una jornada de anillamiento científico.

Entre sus principales amenazas parecen estar la disminución de insectos y contaminación con insecticidas, la destrucción de su hábitat, molestias y atropellos.
La Lista Roja de la UICN lo clasifica como “least concern” (preocupación menor), aunque reconoce la existencia de disminución poblacional, no suficiente por el momento para trasladarlo a la categoría de vulnerable. Esta organización estima la población mundial entre 3.100.000 y 5.500.000 adultos, el 40% aproximadamente nidificantes en Europa. Está incluido en el Listado Español de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, sin catalogación de amenaza.