lunes, 25 de mayo de 2026

AVE DEL MES mayo 2026


Estornino negro
 
Sturnus unicolor Temminck, 1820 

 

Inglés: Spotless Starling
Francés: Étourneau unicolore 
Cruz y ruina de quienes intentan reconocer las aves de oído son los estorninos, tanto el negro como el pinto, porque son unos imitamonas de cuidado. No sólo remedan los cantos y reclamos de otras aves, sino también ruidos de elementos inanimados, o incluso la voz humana si se los domestica. Se cree que este enriquecimiento de su propio repertorio canoro puede ser un sistema para exhibir inteligencia ante las potenciales parejas. 
Foto: José Vicente

 

Foto: José Vicente

 


Son fáciles de reconocer desde lejos los estorninos negro y pinto (pero no de distinguirse entre sí), por su cabeza y pico alargados y su cola corta y aspecto fondón (la casta del tordo: la cara fina y el culo gordo). Tordos los llamamos por aquí, pero no deben confundirse con los verdaderos tordos o zorzales del género Turdus, que no son ni de la misma familia. Nuestro referente de este mes es un pájaro de alrededor de 22 cm de largo y de 90 gramos, de hábitos no migradores y de distribución bastante restringida: Península Ibérica y Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia, y norte de África desde Marruecos hasta Túnez. Siendo una especie de preferencias claramente mediterráneas, su área de distribución se solapa en el nordeste de la Península Ibérica con el área de cría de su congénere el estornino pinto, netamente eurosiberiana.
El plumaje es casi igual en ambos sexos, y es el otoñal algo más apagado que el nupcial y con algunas pintas, sobre todo en las hembras y los ejemplares de primer año. Varía sin embargo el color del pico, que siendo oscuro en otoño, se pone, ya para primeros de año o incluso antes, de color amarillo intenso, con la base azulada en los machos y rosada en las hembras.
Es completamente omnívoro; en el buen tiempo prefiere el alimento animal, porque abunda y es proteico, y está constituido en su mayor parte por coleópteros, mostrando gran apetencia por larvas hipogeas. Es más vegetariano en otoño, por abundar entonces la fruta, los granos y las bellotas, y en invierno por escasear los insectos.

Es malquerido por la gente de campo por alimentarse y dormir en las tolvas estropeando con sus heces más pienso del que come, y por atacar las cosechas de aceitunas, cerezas y toda clase de frutas, aunque en estos casos puede hacer más beneficio que daño por preferir las agusanadas. Está documentada su acción dispersadora de semillas de guindas, aceitunas, moras y escaramujos, entre otras. No sucede así con otras blandas como las de gramíneas, que no resisten la acción trituradora de su molleja. 

Foto: Carlos A. Ramírez

Foto: Carlos A. Ramírez

 

Es especie más bien gregaria, que busca su pitanza en grupitos de media o una docena en el buen tiempo, o de varias decenas o más de cien en invierno. 
Cría en oquedades, en muchas ocasiones dependiendo del ser humano; la mayor parte de las veces anida bajo tejas, pero puede hacerlo en cualquier cavidad de árboles, muros o cajas nido. La puesta suele ser de 4 o 5 huevos; a veces se encuentran hasta 9, pero puede que no sean todos de la misma madre, porque es relativamente frecuente el nidoparasitismo intraespecífico. La mitad o dos tercios de los machos son poligínicos, emparejándose con dos o más hembras. Además son relativamente frecuentes las fecundaciones extraconyugales. O sea, que, entre unas cosas y otras, la estructura familiar es un poco revoltijo. La incubación la efectúa principalmente la hembra, aunque está documentado que algunos machos llegan a desarrollar placa incubatriz. 
Los pollos abandonan el nido a las tres semanas, unos días más o unos días menos, y lo hacen con un plumaje pardo grisáceo, igual al que presentan los estorninos pintos coetáneos, de los que son prácticamente indistinguibles, y que pronto irán mudando para adquirir el de primer otoño. Se cree que las hembras suelen empezar a reproducirse al año y los machos a los dos o incluso tres. 

Terminada la época de cría, se reagrupan en bandos que establecen dormideros comunales (aquí en Salamanca empiezan últimamente a reagruparse ya a mediados de julio). Se forman así grupos numerosos a los que, a la llegada del frío, se añaden los bandos de estorninos pintos que bajan de invernada, juntándose unos y otros por decenas de miles, con la malsana costumbre de establecer sus dormideros en las ciudades, y dejar sepultado en excrementos todo lo que haya debajo, obligando a los ayuntamientos no sólo a incrementos de la limpieza viaria a veces imposibles cuando hiela, sino también a realizar acciones disuasorias, consistentes en uso de pirotecnia menor, grabaciones de voces de depredadores y de sus propios sonidos de alarma, y molestias luminosas, todas ellas de escaso éxito, y no exentas de quejas por las molestias a las mascotas y a colectivos humanos especialmente sensibles como los autistas. 

Foto: Carlos A. Ramírez

En plumaje otoñal, antes de que se les desgaste según va entrando el invierno, suelen tener algunas pintas claras las hembras adultas y los ejemplares de primer otoño de ambos sexos (más las hembras que los machos); por ello en esta época pueden plantearse dudas de identificación con respecto al estornino pinto. En este último, por el contrario, tienen los jóvenes menos pintas que los adultos, por lo que las principales dudas se dan entre los machos de primer otoño pintos (los menos manchados de su especie, salvo el plumaje pardogrís de pollo) y las hembras negras de primer otoño (las más pinteadas de su especie). Se apunta como criterios relativamente diferenciadores para estos casos el tono de las pintas, más ocráceo en el pinto, o el tener los negros por lo general pocas en la cara y píleo, pero lo más discriminador es el ribeteado pardo de las rémiges, ancho en los pintos y poco o nada apreciable en los negros. Con todo, algunos individuos pueden ser difíciles de asignar incluso en buenas condiciones de observación (lo cual ya es mucho suponer), entre otros motivos porque puede tratarse de híbridos, que haberlos, haylos. 
La Lista Roja de la UICN considera la población mundial estable y le asigna la categoría de “preocupación menor”. En España no está incluida en Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y su población se considera creciente; no obstante, no está contemplada, en Castilla y León al menos, como cinegética, a diferencia del estornino pinto. 
Foto: José Vicente

La descripción de la especie se la debemos al prolífico naturalista holandés Coenraad Jacob Temmink (1778-1858), y la del género Sturnus a Linneo. Sturnus es palabra latina que ya designaba a estos pájaros en el latín clásico y de la que derivan el nombre español y otros de diversas lenguas romances, y parece ser que su origen se remonta a alguna palabra del indoeuropeo (posiblemente “storo” o algo similar) de la que también derivarían nombres como el inglés starling (en este caso con sufijo diminutivo) y otros del ámbito de las lenguas germánicas.

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