Torcecuello euroasiático
Jynx torquilla Linnaeus, 1758
Inglés: Eurasian Wrineck
Francés: Torcol fourmilier
Se acerca el otoño y vuelve a dejarse ver por los
jardines de La Platina este pequeño y discreto pariente de los pájaros
carpinteros, de unos 16 cm de longitud y 30 o 35 gramos. Podemos intuir a
distancia su identidad cuando lo vemos en las praderas de césped, por la
postura que adopta en reposo con el pico apuntando un poco hacia arriba. Si sueles verlo en otro sitio, comenta.
| Foto: José Vicente |
Carente de la capacidad de taladrar madera, de
los colores vivos que suelen caracterizar a los pájaros carpinteros y de la
rigidez en las plumas caudales que les facilitan el apoyo en vertical sobre los
troncos, podría nuestro invitado de este mes pasar por un pajarillo cualquiera,
pero su larguísima lengua protráctil y sus pies zigodáctilos (o sea, con los
dedos primero y cuarto dirigidos hacia atrás) le delatan como miembro de la
familia de los Picidae. Constituye una subfamilia propia, la de los Jynginae,
integrada únicamente por él y su congénere del África subsahariana, el torcecuello
cuellirrojo (Jynx ruficollis).
Se reproduce el torcecuello euroasiático en la
región Paleártica, es decir, las regiones no tropicales de Eurasia y el norte
de África.
| Foto: José Vicente |
En España cría sobre todo en la mitad norte peninsular.
Inverna en África tropical y sur de Asia. La invernada en la Península Ibérica se da sobre todo en Andalucía y Badajoz, pero también más al norte, incluso en la cornisa cantábrica, como se explica aquí:
Se reconocen 6 o 7 subespecies, pero la variación de su aspecto externo es bastante gradual y con amplia variación individual.
| Foto: José Vicente |
Se alimenta de insectos, especialmente de hormigas, tanto adultas como larvas, y las captura con una lengua protráctil que, extendida, llega a ser casi tan larga como el cuerpo. En posición retraída le cabe en la boca gracias la disposición de la lengua y del hueso hioides que la soporta, cuya base se ha prolongado hacia atrás hasta dar la vuelta a todo el cráneo y alcanzar la frente. En esto y en la condición adhesiva de la saliva se asemeja su lengua a la de los pájaros carpinteros, pero, a diferencia de ellos, carece de las espículas o setas en forma de arponcillos que éstos tienen en el extremo.
Son característicos los extraños movimientos que
realiza esta ave cuando se ve amenazada, y es que eriza las plumas de la cabeza
y estira y mueve el cuello en extrañas contorsiones, de donde le viene el nombre
vernáculo, y que parecen tener el efecto de hacerlo parecer una víbora ante los
ojos de depredadores cortos de vista, como se muestra en este video:
En sus viajes migratorios parece ser que se desplaza sobre todo de noche, en solitario o pequeños grupos unidos de manera poco densa. Se ha comprobado que es filopátrico, muy fiel tanto a sus lugares de origen como a sus localidades de invernada.
| Foto: José Vicente |
| Foto: José Vicente |
Su plumaje no tiene dimorfismo sexual; si acaso
puede ser de tonos un poco más vivos en los machos, pero no lo suficiente como
para que la diferencia tenga valor diagnóstico. Los juveniles apenas se
distinguen por la textura del plumaje y por el color grisáceo del iris, que es
castaño en los adultos, y de color intermedio al año de edad.
Cría de forma monógama, anidando en el interior
de agujeros que encuentra ya hechos por los pájaros carpinteros o las
podredumbres, ya que él no los puede excavar, en árboles o a veces en
construcciones humanas y en cajas nido. Pone los huevos directamente en el
fondo sin aportar ningún material de relleno; no sólo eso, sino que retira
activamente cualquier material de revestimiento o incluso huevos ya puestos por
cualquier otra avecilla a la que haya usurpado el refugio; es más, se documenta
que al principio de la temporada de cría retira compulsivamente el material de
anidación de todos los agujeros que puede, aunque no los vaya a utilizar, con
grave perjuicio de los carboneros, papamoscas, colirrojos o gorriones de la
vecindad. Se cree que esto lo hacen sobre todo los machos, para ofrecer a las
potenciales parejas abundancia de alternativas para elegir.
Cría generalmente una nidada al año, raramente
dos, y la puesta suele ser numerosa, de hasta una docena de huevos, aunque 8 o
9 es un número más normal. Son blancos, como sucede a menudo en las especies
que anidan en oquedades, donde el camuflaje es innecesario y la blancura ayuda
a que los huevos no sean espachurrados inadvertidamente por los padres. Los dos progenitores
participan en la incubación y la ceba de los polluelos. Suele durar la
incubación 12 o 14 días, y unas tres semanas la estancia de las crías en el
nido.
| Foto: José Vicente |
La especie fue descrita por Linneo en 1758, en la
X edición del Systema Naturae, con la denominación actual. El nombre del género
Jynx no es sino la transcripción al alfabeto latino del nombre que le daban los
antiguos griegos.

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