Erithacus rubecula (Linnaeus, 1758)
Francés: Rougegorge
Este pajarillo rechoncho y patilargo, de una longitud de unos 13 o 14 cm, se consideraba antes un túrdido, y ahora un muscicápido saxicolino.
Es la única especie del género Erithacus. Antes se incluían en él otras dos especies, el ruiseñor japonés y el de Okinawa, que hoy día se encuentran segregadas en el género Larvivora.
El área de reproducción del petirrojo coincide a grandes rasgos con Europa, y un poquillo de Siberia, y hay dos subespecies endémicas en Canarias y otra en Madeira y Cabo Verde. Es un ave parcialmente migradora, y no transahariana. La población que cría en la Península Ibérica es sedentaria, y en invierno se le suman contingentes de origen más norteño, procedentes de las zonas europeas de clima continental extremado. Las zonas de invernada no van más al sur que el norte de África, y toda la zona occidental de Europa, incluidas las Islas Británicas y el sur de Escandinavia, le resulta al parecer lo bastante buena para pasar el invierno.
No gusta de campos desvegetados ni secarrales. En las provincias de la España atlántica se encuentra a sus anchas; en otras se acoge a los sotos, a la humedad de las montañas y al riego de huertos y jardines.
Se alimenta de insectos, gusanos y arañas, y los rebusca mayoritariamente por el suelo, aprovechando si puede el removido o escarbado por otros animales o por los jardineros; a pasar el invierno le ayudan las moras, bayas, aceitunas, semillas, e incluso las bellotas si las encuentra partidas por trepadores, carboneros o roedores.
Es agresivo defendiendo su territorio, no sólo contra sus congéneres sino contra otros pajarillos, y la hembra defiende su propio territorio de invernada, mientras que el macho parece ser que suele permanecer en el de cría, donde la latitud o la altura no se lo impiden. Los dos sexos cantan, y lo hacen durante casi todo el año; al parecer sólo se callan una temporadita durante la muda postreproductiva, y para entonces probablemente ya canten los jovenzuelos de las primeras nidadas.
Suele sacar cada pareja dos polladas al año, raramente tres, y sólo una en las localidades en que el frío reduce la estación de cría.
Anida por lo general a poca altura, en el mismo suelo o en algún talud o muro, escondiéndolo en alguna grieta, entre enredaderas o bajo alguna macolla de hierba, o en cualquier trasto en desuso que le sirva de escondite. El nido lo construye la hembra y sólo ella incuba, mientras el macho contribuye alimentándola. Cinco huevos es el número más frecuente en cada nidada, y suelen ser blanquecinos con moteado más o menos pardorrojizo; la incubación dura unos 13 días y se inicia por lo general una vez completada la puesta, por lo que la eclosión es síncrona. Otro par de semanas tardan los polluelos en abandonar el nido, y lo hacen con una librea de color pardo moteado, con atisbos de tono amarillento en cabeza y pecho. La mortalidad en el primer año es alta, pero una vez superado el año de edad la esperanza de vida aumenta notablemente, pudiendo alcanzar una considerable longevidad para un ave tan pequeña, hasta el punto de que se menciona algún caso extremo de 19 años.
Con una población mundial estimada de entre 130 y 300 millones de adultos, la UICN lo considera en su lista Roja como “Preocupación Menor”, que es la categoría que en la práctica equivale a no ser considerado en peligro, y le supone una tendencia demográfica creciente. Para España se ha calculado una población de algo más de 7 millones y está incluido en el Listado de Especies en Régimen de Protección Especial, sin categorizar como amenazado.
La especie fue descrita por Linneo en 1758, si bien bajo la denominación original, o protónimo, de Motacilla rubecula. Rubecula parece ser diminutivo femenino derivado del adjetivo latino ruber-rubra-rubrum, es decir, rojo. Erithacus es palabra griega que guarda relación etimológica con Erithros, “rojo”, y el género con esta denominación fue establecido en 1800 por Georges Cuvier, el político y naturalista universal y merecidamente conocido como fundador de la anatomía comparada en cuanto disciplina científica con entidad propia.
| Foto: José Vicente |





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